26 diciembre 2008

Buenas Fiestas


Nada esta intrínsicamente más cerca de la nada que el caos. Cuando la nada se tambalea, el caos apabulla ocupándolo todo en un solo paso. Duda la nada y su armonía se resquebraja cediendo el contundente poder al caos. La nada se rompe pues, imperfecta, en infinitos pedazos de caos.

Del caos, por otra parte, surge cualquier cosa, por extravagante que sea, como el mismo orden. El orden no es la nada, pero mira, tiene un parecido. Sirve para ocurrencias como que existe algo y el existir aunque no tiene nada que ver con la nada si tiene que ver con el orden.

Existimos más por suposición que como cosa hecha. Nos creemos reales, pero nos pellizcamos para cerciorarlo. Dudamos de que no sea todo más que un sueño, y nuestras razones tenemos, pues parece que intentamos llegar a unos difusos e inestables objetivos las más de las veces siguiendo el sentido contrario. Cuando nos sobrepasan las contradicciones buscamos respuestas divinas o culpamos al azar o al destino o decidimos ignorarlo todo. Lo que en realidad hacemos es fluir siguiendo el paso que nos marcan las circunstancias. Lo hacemos todo, vamos y volvemos, introvertidos y extrovertidos, humildes y soberbios, solo dueños de pulsar las teclas de que disponemos y a fe que las tocamos todas a poco que tengamos la curiosidad o el tiempo suficiente para cerciorarnos de sentir, ver, gustar y oír como van sonando.

Y así, en este desorganizado orden, al fin, nada encontramos extraño, tal es la sutilidad con que nos van manejando sus maneras y más aun, cuando al tocar los acordes de los porqués, suenan más complejos y enrevesados, más laberínticos que la instantánea simplicidad de vivir.

Llegó la navidad como nota ineludible para cerrar la sinfonía de cada año. Celebramos como siempre el acotado orden que robamos al caos. Este orden, el orden en general, no siempre tiene porqué resultar agradable ni digerible y tiene la particularidad, como las alergias, que lo que te sienta estupendamente unos años luego, de golpe, se vuelve insoportable. Tenemos o buscamos medicinas, alivio para todo y como en convaleciente estado de un catarro cualquiera, podemos enfrentarnos a la navidad metiendo cama quince días, o soportando estoicamente en pié y con mal cuerpo la saludable y agotadora actividad de los que, al parecer, no les ataca este determinado virus.

Hoy nieva y conjeturo que lo que celebramos en la navidad es que estamos a resguardo del invierno, que tenemos la alacena llena y también, porqué no, deseamos con profundo y particular egoísmo que de esta prosperidad en tiempo duro, gocen familia y amigos y el mundo en general, aunque bien sabemos todos que es solo un augurio y que, en el mejor de los casos, tiene fecha de caducidad a los pocos días.

28 noviembre 2008

El trayecto de hoy


Hoy.

Vamos a ver.

El no sé si sé, no sé si sirve tanto como el sé que no sé

No sirve de nada saber. Nada. Digo, en este caso, pienso en lo de la explosión descontrolada de excesos, que luego de vigilia, maltrecho, quieres no saber nada de ellos nunca jamás. De los descalabros, de los excesos.

Mas tarde piensas en huir de pensar. No es el caso de hoy que pienso, pienso ocurrente.

Quería entrar en el sol de noviembre que asoma a ratos.

Lee el que no lee y piensa que mientras lee no piensa, absurda teoría. Creía, con la atención desperdigada, hace más de un año, quizás dos o tres que me aventuraba línea a línea, enseñoreándome en la desaparición, despersonalización y suplantación y todo esto, del doctor Pasavento.

Soy Cerillo, digo incrédulo. Si sumo las cifras de mi fecha oficial de nacimiento y luego sigo sumando hasta las unidades, ¿cómo se llama esto?, me sale un cuatro. Cuatro es un número al que no le tengo el menor afecto, aunque porqué iba yo a querer un número? El cuatro y el seis no deberían existir, aunque el seis por lo menos tiene lo de la media docena. Del dos y el ocho nada aprovecha, será que no me gustan los pares, y si no estuvieras tu, tu o tu, me cargo sin dudar todas las parejas. El ocho me parece un engreído y los primos, que manía tenemos todos con los primos.

Voy a llamarle a esto que no sé que nombre tiene, mi número astral lo llame como lo llame quien entendido sea. Poca enjundia tiene poner nombre tan pomposo a un cúmulo casual de casualidades, incluidas el nombre, que es letra y sonido congruente debido a innumerables apaños casuales y que abarca estrechas geografías que por suerte en este caso son la tuya y la mía, sino, no nos entendemos.

Estaba por entrar en el sol de noviembre y quedarme a allí un rato, calientito, pero nada, no sé si llegué a pensar que un cerillo sin cabeza, si se arrima al fuego puede parecer lo que fue, un cabeza colorada perfecta para arder. Aquel doctor que leía distraído penetró en el peor sentido de la palabra dentro de Cerillo y él sin darse cuenta fue, se hizo, suplantó, en fin, se encontró con un lío personal de mucho cuidado.

Si eres otro queda todo por hacer y con tanto no cuentas. Inventar una vida entera con una biografía montada a la ligera. Lo que se olvida y aparece de súbito aunque siempre estuvo allí, este es el reto complicado que acusa el que suplanta.

O poner los pies en el suelo, los pies en el frío suelo y mirar por el balcón, coger revolado la máquina y intentar guardar lo que ves a simple vista y deplorar la National Geographic de uno mismo y arrastrar en este desahucio, no solo a la naturaleza que decidiste encuadrar en el marco de una pantalla, sino objetos, obras y modelos.

Y las formas mismas de la belleza que pasan por el orden que un dictado desconocido eligió no sé con que propósito y al que se acostumbraron, no mis ojos, sino miles de ojos antes para acertar desordenados con una maldita ilusión óptica con presunción estética. Así, si lo que me enamora me duele de maldecir maldigo este barroco otoño.

No interioricé el otoño principesco y como lo veo fuera con el preciso marco que dispongo cada vez, ando con él tieso. No me lleva al huerto. Lucho contra la belleza que me impone el universo, que al fin sé que no es tan diverso por mas que no sé quien, clasificó millones de insectos. Como si a mí me importara. Yo ando atento a desclasificarlo todo para llegar a mi nada, aunque entre medio me asalta lo bello y por mas que huyo no puedo.

Vuelvo a la nada que trabajo me cuesta meter en la pequeña botella transparente, como aquellas que traían penicilina con la que, con terror, me pinchaban de enfermo. Por cierto, recuerdo que me encontraba muy bien, sin colegio, de primera, pero que luego estaba, pestes, el horror doloroso de los pinchazos día si, día también. Llenaba después la botellita, a media, de agua. Si la llenas entera, pienso, parecerá vacía. Entro todo dentro la botellita y así que voy metiendo va siendo nada. Luego le ponía litines, tapaba con tapón de goma, lo dejaba en el suelo y estallaba. Pequeño estallido, y a buscar el tapón vete a saber donde, y así horas y horas.

Me digo, os lo advierto, no juguéis a desaparecer que luego va de cierto. Aunque desaparecer está bien, sirve para que nuestro enfermo entusiasmo por la belleza crea que podemos entrar todo en una botellita de penicilina, como genio. Vas metiendo y asombra todo lo cabe y pienso. Hoy pienso, voy, me meto dentro y desaparezco.

Pero seguido estoy en cuanto Mahler no acaba de terminar con los bombos y platillos. El estruendo de un final apoteósico, atronando increscendo, que parece insuperable una y otra vez. Todo, reflexiono, construido para saborear media décima de segundo de contrastado silencio, pues andan los ansiosos aplaudidores en vilo, intentando atar la emoción con el estallido de las palmas, obviando que en privado la emoción se siente en silencio si no es que brote quejido del pecho. El bravo, bravo, embridado por la espera, desata un ruidoso agradecimiento por lo vibrado y suspende la emoción, adormecido y bien guardado el preciado gemido que atraviesa el vulnerable ánimo.

Pienso en penicilina enfermo y en jugar, mucho antes de que el doctor Pasavento certificara la fragilidad de mis distintas y difusas personalidades, antes de que los instintos pusieran a cada cosa en su sitio en la batalla personal donde nos hieren y herimos, muy lejos de épica alguna. El mundo encogido en una baldosa hidráulica, con un botellín misérrimo de agua, penicilina o nada, con la que juego, siempre huyendo del dolor, aunque sea del que sana.

Sufrir para curarse para sufrir, este es otro dilema. Silencio, que pienso y oigo un constante ruido eterno.

El silencio y la nada serán lo mismo y no lo digo.

Y sigo.

luego

27 noviembre 2008

Insomnio otoñal

El insomnio, me enfrentó al laberinto y como defensa a su extrema complejidad fui acercándome sigilosamente a la nada. Con base tan nimia la contradicción es permanente y desde entonces me siento balbucear si es que tengo que argumentar sobre cualquier cosa. La nada te hace pequeño de la misma manera que la personalidad te agiganta, pero las químicas humanas son tan lentas que nadie percibe en mi cambio alguno. No se enteró ni él yo mismo que sigue defiendo con idéntico ahínco, grandes parcelas personales con el piloto automático puesto.

Con el tiempo, la gota malaya es la que cuenta, así siento, que los agujeros, las grietas, los abismos que se abren con el insomnio duermen un sueño reparador en cuando amanece, pero lo que han horadado en silencio, permanece latente, esperando su momento.

Este otoño me da por andar con las manos en los bolsillos lentamente, contando los pasos que me acercan y alejan sin descanso a lo que brillante me incita y que como urraca avariciosa persigo. Me veo entrando sin dudar en el mismo sol de noviembre, este mes tan triste, que invita a andar ligero.

Tiene gracia esto de sentir los elementos, este fluir tan alejado de las asperezas de la lucha cotidiana, de las miradas condicionadas, de las heridas del tiempo, y claro, disponer como lujo tener los ojos bien abiertos, filmando el concierto de sensaciones y también disfrutando de las representaciones que improvisamos sin cesar al vivir y con las que deleitamos sin querer a ojeadores aviesos.

En este tiempo que dispongo entre paréntesis a mi gusto, aprecio la cuota de espectáculo que estoy dispuesto a concederme, pagando con el esfuerzo de filtrar lo que quiero ver, pero también divertido por el revoloteo inconsciente de palabras que me asaltan afiladas como dardos que buscan dianas perfectas, la desfachatez que da la inmediata posibilidad de salir de foco cuando me viene en gana, el rebuscar entre recuerdos sin sufrir, como arqueólogo de vanidades petrificadas que paladea alimentos elementales o vulgares con sentimiento ancestral, ver lo que me enseñaron a ver otros ojos, descubrir noblezas, miserias y las siempre discretas ternuras, tan costosas de ver, floreciendo en cualquier basurero.

A la nostalgia del tiempo otoñal añado el resquemor de andar de vuelta. Ojo si; es sereno. ¡Que bien, vaya invento! Pero…. nada se funde, nada me arrastra, nada revienta entre mis dedos. Voy a tirarme un pedo.

22 noviembre 2008

No se me ocurre nada




Muchos días, despierto antes del amanecer y pienso.

Despierto y sin pensar, créanme, elijo si puedo, pensar en lo que consuela.

Al despertar, cuando pienso antes del alba, a veces, las razones, caprichosas, tienden a asearse dando desconcertantes tumbos en el aire de la noche y las ideas, luego, aparecen copiosas y serenas, engalanadas para fiesta. Pero es solo espejismo frágil pues se revelan al instante idénticas al vívido sueño que increíble se te olvida solo el sol sale.

No puedo, por desgracia pues, transmitir las certezas que sin fisuras se expanden iluminando ilusorias mis tinieblas, he de conformarme con que dejarán restos de su rastro en la memoria y que aparecerán por encanto en coyuntura favorable. Lo cierto es que deploro este dispendio nocturno de talento, pues sé por perezoso, lo sufrido de picar piedra, que poner las palabras adecuadas en ringlera y los colores con sentido cuesta un trabajo y casi nunca brilla tal y como uno desea.

Que inventen, pienso bien sereno ahora que luce el sol, aparato que escriba y pinte con la velocidad y destreza con que me asaltan excelentes ideas en inoportunos momentos. Que me salve algún invento del tormento de rebuscar con esfuerzo, letra a letra, como transcribir la luz que huyó sin estela, o de bregar como negro, pincelada a pincelada, con los infinitos matices con que juegan al despiste los colores, pues de las palabras y las imágenes lo que más satisface, es el redomado misterio con el que, abandonados, aparecen de milagro acabados, con poder de cegar un instante al personal, aunque sea solo uno el deslumbrado.

La cuestión es que quedó en nada lo que, esta mañana, poco antes de la aurora, gobernaba con soltura en mi ardiente mollera. Se fundió lo que ocurrente argüí desnudo en el lecho. Desaparecieron ristras enteras de frases certeras que cabalgaban embriagadas de esplendor por mis miserias. Se perdió la subyacente proyección de imágenes congraciándose de haber conseguido elegantes anzuelos con los que atraer la compleja atención de quien sea.

Mira que forma de llegar a la nada por la tontería de poner los pies en el suelo y mirar desconcertado, punteado el día en el asomado balcón, como el otoño martiriza duro los ojos con sangrantes tañidos rojos.

Mi ruina de pie, en circulación por la calle y aseado, conjurando con el frío el desvanecido talento en nada, pido con mucha fe al cristalino día, el Cadí atosigando de testigo, el favor de que cosa curiosa me alegre por sorpresa la jornada, que la belleza hace tiempo que me tiene bastante mosqueado.

A la mierda, pensaba bien ido y enojado, las pestilentes fotos del National Geographic, esto que quede claro. Bien amigos….., tiempo hacía que me revoloteaba este rebote al agresivo empalago de las imágenes espectáculo que nos devoran los sentidos con porquería de engaños.

Porqué claro, hay engaños y engaños.

13 noviembre 2008

Lo mínimo


Mi primera contradicción como artista es que me gustan las cosas simples, elementales, pero que no les veo la menor gracia. Yo me entiendo.

Puedes dedicar toda una vida a la oración, alguien te alimentará. Quizás consigas aprender a no rezar, a contactar sin preámbulo con la divinidad que es de lo que se trata y vivir en permanente estado de nirvana, aunque no sé si esto es posible.

Pienso en japonés y me siento relajado aunque tengo la sensación de que estos señores mantienen una constante y controlada tensión.

Pienso en Velázquez, un lujo imposible, un maestro en engañar la mano a base comerse el coco.

La caligrafía, de rasgo depurado.

El concepto, blanco, verde, un cerillo inmenso, enmarcar una pared, importa ahora el equilibrio, ahora el desequilibrio.

Topé con solo tres colores. Blanco y negro. Una geometría limitada, línea y curva. Un marco, el encaje y el equilibrio.

Ando buscando razones para no bendecir la gracia de sentirse orgulloso en lo mínimo que viene a ser la antesala de la nada, por muy complejo que sea llegar a ella. La maestría tiene el efecto de una secta que con complejas hipérboles llegan a la nada para tirar una flecha, hacer un ramo, un traje, una gestual caligrafía, un espacio desnudo. Quisquillosas y rituales ceremonias para iniciados con la que vestir de algo, con símbolos, con artificios, con adornos al inescrutable vacío.

Andan los frailes cantando sin prestar atención a lo que cantan con la precisión del cirujano avezado, del maestro afinado en su oficio, definitivamente olvidado el riesgo por la precisión automática ganada con la devoción de una vida dedicada a ello. Es a lo mismo que yo aspiro, a pintar sin pensar en nada, aunque te encuentras luego siempre pensando, generalmente en comida u otras especies.

Aprendí que solo me interesa pintar para llegar a no pensar, para olvidarme de ser. Y como no me gusta ritualizar, por lo del aburrimiento, me acojo al camino del exceso con el que casi me acerco a la nada también, siguiendo la caótica senda del barroquismo que defiendo ahora, en este mismo instante.

08 noviembre 2008

La atracción




Inmerso en el tiempo, presiento que cuando libra de la absorbente acción, pule habilidades que limitarán con su especificidad mis casuales posibilidades de ficticia unión.

¿Habilidad o herramienta? ¿No es lo mismo? Siempre tropiezo con el huevo o la gallina.

La primera herramienta o la habilidad innata de que disponemos, figuro que es la capacidad de simplificar, aunque, ¿Es una habilidad o una necesidad buscar lo simple? Al no ser abarcable el complejo absoluto, nos encontramos que sin la abstracción no podríamos incidir en él, así que seríamos otra cosa y no lo que somos.

Si nos ponemos a simplificar a fondo, sin piedad, nos encontramos con nada y aquí, pues, nos quedamos sin tiempo, sin historia, sin cuento. La nada no sirve de nada.

Aprecio que con un elemento tampoco hay cuento. Uno sin reflejo no es. Uno como la nada no es nada. Dios es un no es.

En lo factible más simple me salen dos elementos. Con dos elementos aparece el espacio y con el espacio el tiempo, que remedio. Si los dos elementos fueran simétricos se atraerían y se unirían formando un solo elemento y un elemento no es nada, o sea, lo dije, desaparece.

Si los dos elementos de este cuento fueran iguales, al no poderse complementar, cada cual tendría su vida y el tiempo se haría infinito y el espació crecería abismal entre ellos a cada instante. Aquí encuentro, que la nada necesita energía sin límite para mantener el equilibrio que es su esencia y esta energía se muestra en latente atracción para recuperar el equilibrio descompuesto.

Con dos elementos que no fueran ni iguales ni distintos complementarios comienza el pulso de ser. La energía pulsa entre la atracción, residuo de la nada descompuesta, y el rechazo, réplica a la imposibilidad de unirse, de dejar de ser. Pule el tiempo una lenta adecuación de los pares hacia lo antagónico, apreciado como complemento que cumple con el deseo de unidad que anida como norma en todos los elementos.

Tardó, supongo, una cantidad inconmensurable más de tiempo el tiempo, en limar disfuncionalidades para unir lo elemental en el primigenio origen, del que habría de costar luego encontrar pareja en los siguientes pasos. Aunque si no se encuentra par se pierde el tiempo.

Hablo en efecto del amor, aunque sea con los elementos simples de este cuento. Ceden o reciben las partículas lo que deben, suspendidas en el espacio y en el tiempo para limar las asperezas que impidan el ensamble perfecto que las devuelva a la nada.

El amor es la energía que atrae y modifica perceptiblemente los elementos que su influjo hechiza, aún cuando se manifieste leve y fugaz.

31 octubre 2008

Mi Génesis particular


Mi religión surge del insomnio y su cruz: la imposibilidad de dejar de carburar. Por comodidad busco resignado simplicidades que me alejen de las pesadillas.

 No puedo abandonar lo maniqueo, pues esta es la primera y la más básica de las simplificaciones.

 La nada no existe porqué no es, aunque no siendo, pues, lo puede todo.

 Si hay un absoluto perfecto, con la percepción que me regala mi particular visión de artista, este es la nada, aunque sea por exclusión, pues nada es la única que al excluirlo todo contiene todas las posibilidades de ser.

 Cualquiera sabe que un artista delante de un papel blanco, en principio, puede hacer lo que le venga en gana, o sea, todo. Así curiosamente si algo lo contiene todo es la nada, lo que no existe. Me parece incomprensible otro génesis que no cuente con la nada como origen.

 La nada no es hasta que se siente. Sentirse es su aniquilación. La personalidad es el inicio de lo que es. El sentir destroza el equilibrio perfecto, es la grieta, el defecto de donde surge la distancia y el tiempo necesario para sentir. Se expande al instante, incontrolada, la fuerza inconmensurable que anidaba sin esfuerzo en la infinita cohesión. Una fuerza que incontenible crea un espacio y un tiempo que en esencia pertenecen a la nada, y que al existir, pretenderán sin fin.

 La única ley que rige propongo que sea pues desaparecer, borrar lo iniciado, volver al origen de la nada. Acabar con todo, sería una secuela inarmónica de la misma ley. No deja de ser paradójico que la destrucción perfecta pase por la reconstrucción meticulosa de lo que se anula.  Dios anda bien perdido por entre estas paradojas.

 Mientras tanto mi esencia personal viene y volverá a la nada, como señal mimética a todo lo que es. 

25 octubre 2008

Dejar huella


La felicidad, el placer, el gusto de hacer o estar, el bienestar que procura el equilibrio, la serenidad relajada, cualquiera de estas agradables sensaciones puede aparecer como por ensalmo en situaciones de grave crisis. Parece un milagro, pero no. Lo perdí todo, y cuando digo todo pongo por ejemplo una fortuna que presuponía me había de librar de cualquier privación. Puedes perder la seguridad de un futuro previsible y curiosamente, a pesar del desastre y al transcurrir cierto tiempo, empezar a gozar con el presente de lo que antes pasaba desapercibido. Redescubrí la perfecta armonía de las cosas simples. Perdí lo que me ataba a la locura del progreso y me congracié con el pulso de vivir al día. Recuperé el tiempo atmosférico de la calle y el tiempo íntimo que regala una geografía abarcable. Es una muestra de que hay estados que se podrían considerar decepcionantes cuando se atina con lecturas clarificadoras. El trauma nos instala en otra realidad que al fin se muestra más complaciente que la presuntamente óptima en la que vivíamos. La realidad siempre es una ficción que condiciona las circunstancias.

 La utilidad que tienen las crisis, si es que tienen alguna, pasa por el estado reflexivo en el que te sumergen. Si tomas la distancia pertinente para evaluar los errores, el imprescindible optimismo de la supervivencia encuentra caminos alternativos a lo que parecía imperturbable, imperecedero.

 Una ambición sin límites es nuestra tortura y el instinto de hacer como si fuéramos eternos. La constatación no del todo asumida de nuestra fragilidad impulsa, desde un tiempo al que no le guardamos memoria, el deseo de dejar huella, y la impronta de alguien con ambición y suficiente poder, puede llegar a ser del calibre de una pirámide. Si alcanza un tamaño mayor mucho mejor. Así la grandeza acostumbra a mostrarse conceptualmente simple cuando se trata de satisfacer vanidades y sigue construyendo periódicas y barrocas torres de babel con la intención de llegar a un cielo siempre inalcanzable. Nada conocido es capaz de conseguir las hazañas que logró y sigue empeñada en superar la humanidad cada día.

 Lo paradójico, siempre lo paradójico, es que las huellas más perennes las dejaron los dinosaurios con descuido fosilizadas en las rocas. No podrá conseguir el hombre lo que consigue casualmente la naturaleza sin esfuerzo.

 Sé que lo accidental no es casual y que el espectáculo lo ponen las crisis en el instante traumático de su eclosión. Las causas son las condiciones que con el tiempo petrifican las huellas de dinosaurios dejadas en el barro. Tantas veces las razones alcanzan tiempos lejanos, fuera del alcance de la memoria convencional que utilizamos.

 Es una locura construir rascacielos cada vez más altos, no se demuestra por ello más inteligencia que los que pusieron en pié el primer menhir, simplemente las condiciones con el tiempo y la técnica, han variado. No me extraña que los diplodocos se hicieran cada vez más grandes, atrapados por el instinto de explotar cualquier superioridad plausible, aunque al fin un cambio de condiciones demostró la fragilidad competitiva de estos mitos que se median por toneladas.

 Yo creo que estamos inmersos en una crisis que abarca mucho más allá que lo que pueda condicionarla una economía determinada de mercado, pero también sé que las soluciones suelen ser rocambolescas y que necesitan de tiempos sin límite para demostrar su competencia. Vengo a elucubrar que el paso que la humanidad tiene pendiente, el salto que nos propondría horizontes completamente nuevos y relucientes no tiene nada que ver con esta locura que vivimos y que nos colapsa el futuro. Habríamos de interiorizar que esto de dejar huella no tiene el menor mérito ni sentido, que un gusano la deja. Constatar que no por tamaño se perdura mejor en el tiempo para abandonar estos espectáculos colosales que montamos con y por cualquier cosa. 

El hombre se siente cómodo, le excitan los retos difíciles. Nos gusta luchar por imposibles, llegar a la luna, pero debemos ser más inteligentes. Hoy mismo, probablemente, ganaría la carrera en una supervivencia exigente mucho más quien nada tiene que el rico más rico. Los recursos naturales para enfrentarse a la escasez son infinitamente superiores en un mendigo. En un colapso del capitalismo, África volvería a ser un paraíso. El reto no está en ponerle más kilos, más kilómetros, más dinero, más altura, más velocidad, más lo que sea donde sea, sino en poner menos conservando lo que nos beneficia, guardando lo que da calidad a la vida. La exigencia más remarcable no está en dejar espectaculares huellas y montones de mierda, en esto superaremos sin problema cualquier record posible, sino en borrarlas cuidadosamente con la estrategia impune que persigue el homicida. La sociedad adquirirá su madura perfección cuando aproveche la tecnología avanzada para dejar los mares intactos, la atmósfera pura, los ríos limpios, los paisajes naturales, una población contenida o sea un mundo en esplendor y no este desecho miserable a que nos abocan los sistemas especulativos. El éxito imposible por el que luchar es conseguir dejar la tierra como si ningún ser humano la hubiera pisado. Este si es el gran reto.

 Así luego, en este futuro imperfecto, cuando nos invadan los agresivos alienígenas especuladores de otros planetas contaremos con la ventaja de mantener nuestra superioridad oculta, perfectamente camuflada dentro de un variopinto mundo floreciente.

 Aunque no creo que los extraterrestres pierdan el tiempo en visitarnos, ni que la humanidad necesite de regresión alguna tipo el buen salvaje sino que deberíamos afanarnos en encontrar una sofisticada sabiduría que cuide la casa y despeje el futuro como la humanidad merece y necesita. A la mierda los manuales de esta ley de la selva que siempre nos supera.

20 octubre 2008

Cruzando un mundo


Fuera del marco está todo, pero no sirve de nada.

Ahora, de buena mañana, lo que se irá precisando aún no está definido, como el blanco lienzo que a menudo desafío. Este es mi albedrío, llenar de material diverso los límites que dispongo, en gran parte obligado por la radicalidad de lo que acontece, pero también con capacidad de recrear mundos que moldeo a mi medida. Mundos a la altura del nimio, arbitrario y confundido dios que consiento me aturulle, enrabietado con sus limitaciones, comprometido en tareas inútiles, reciclado en cronista de lo que creo que sucede, filtrando constantemente por preciso tamiz con sedal recién apañado lo que hasta ayer pretendía conocer, para reelaborar una nueva y reluciente sabiduría con fecha de caducidad a pocos días vista.

Viajo de espectador pasivo mirando por la ventanilla el paisaje que pasa volando y que, por más que siempre es distinto, mi distraída atención confunde y uniforma. Viajo enfrascado en mi mismo, absorto en geografías íntimas más precisas que los de la cambiante realidad. Viaje que aprecio, acota un paréntesis al monótono presente que pasa veloz, sin otras preocupaciones que imaginarias penalidades de catástrofes que acechan indefinidas.

A veces me siento como pájaro alicaído que picotea en lo que acontece y que contempla con angustia la cada vez más débil voluntad de involucrarme en la actividad que percibo alrededor. Prefiero caer en constantes reflexiones que me alejan de los crudos, instintivos y cotidianos campos de batalla.

No varía sustancialmente el sol que nos cobija, nos distingue la sombrilla, las barreras que cruzamos entre nosotros y lo que se nos resiste o molesta, la lenta configuración de una intratable humanidad autista, abobada en mezquinas y absurdas cuestiones particulares.

Pienso: el paisaje no es tuyo, ni tan siquiera el que encuadras posesivo con tu cámara, el que enmarca la ventana del edificio que te protege, el que fluye desmaterializado desde cualquier vehículo con los que huyes sin descanso de los sitios.

Bajo veloz, mientras percibo más que veo el Mediterráneo a mi izquierda. Viajo anclado no sólo por el cinturón sino también por el aire acondicionado, por la elección de sintonías musicales, por el exceso de equipaje que revienta el maletero y que me protegen como talismanes de un mundo de poco fiar. Cruzo el país amparado por las barreras que me guardan de lo que ocurra más allá de mi fortaleza motorizada, de los estrictos límites de la autovía donde circulo o de los ambientes que elijo con cuidado en las ciudades que visito.

No guardé nunca afición por los viajes concebidos para explorar lo que viene detallado cronológicamente en las guías que distinguen lo que se debe ver y mirar con atención y me cuesta cada día un poco más cultivar la espontaneidad o el trato afectuoso con la gente que encuentro de paso receloso por el obligado y constante intercambio de educadas cortesías con desembolso económico, orillada cualquier resto de hospitalidad por saturación de vecinos, conocidos, inmigrantes, turistas y forasteros, perdida en definitiva la simpática curiosidad por cualquier semejante al que no le distinga el brillo de la fama.

Constato desde mi protegido observatorio rodante que las provincias cambian por la ficción de un rótulo, que los barrios de las ciudades son intercambiables, que los mismos pueblos, castillos, iglesias y monumentos parecen repetirse sin desmayo como los menús corrientes caligrafiados bastamente con yeso en las pizarras de los comederos a base de cerveza o vino, ensaladas, jamón, fritos y queso.

Me distraigo de la agobiante monotonía circundante con los florecientes disparates urbanísticos, con aquellas excentricidades locales que consiguen sorprenderme, con las pequeñas diferencias de aspecto, de trato, de acento que como rugosidades se manifiestan rebeldes sobre la uniformidad general.

Los paisajes pasan sin apenas sufrirlos, nos mantenemos apartados de su peculiar naturaleza por insalvables distancias de todo orden y sólo celebramos su acotada belleza desde reductos consentidos, apropiados para estirar las patas unos minutos y guardar a través de un objetivo, registro digital de que allí estuvimos. Asomamos luego la cabeza, en las ciudades que visitamos, en idénticos aparadores de similares barrios comerciales donde se venden los mismos productos que la que ayer pateamos, y aceleramos intranquilos cuando nos perdemos por descuido en barrios poco transitados o marginales. Y así pasan las horas, los días, las semanas, hasta llegar a añorar los márgenes conocidos, las frutas, las verduras, los amigos, el mismo trabajo que hace poco sufríamos, la cama, el aire, o el mismo cielo que pretendemos nuestro y que llegamos a creer que se estableció para cubrir el lugar donde vivimos.

15 octubre 2008

Más engaños


Desde la primera palabra el engaño está servido. Andas buscando, iluso, la escueta verdad y topas con un infranqueable muro escondido tras la fe con que apañamos nuestras carencias. Para contar lo que cuento; cuente lo que cuente; parto de un principio que asumo como verdad y no pienso repetir lo que pienso de ella. Este es el primer engaño. Arrimo luego con descaro el ascua a mi sardina. Escojo con cuidado palabras, sentimientos, razones inapelables (no existen), y hablo o escribo con voluntad indomable de convencer a la concurrencia y, de regalo y a un tiempo a mí mismo que a menudo conviene. Ando enfrascado en el trance de argumentar con todas las armas que dispongo: agudeza, simpatía, sinceridad (¿de donde salió esta), honestidad (¿quien decide que lo es?), claridad, proximidad y lo que sea, apoyándome si no tengo suficiente con estas cualidades, en el miedo, en la pena, el dolor, todo para satisfacer el regalado don de la palabra, para exigir que existo, para saber que soy, para notar que vivo. Aquel que mejor embauque con sus teorías al vecino, quien logra secuestrar la atención de la audiencia con su discurso, quien consigue convencer a pesar de su segura terciada visión de la realidad, de su sentido particular del equilibrio, de sus específicos gustos, sus proyecciones interesadas del futuro, sus historias concurrentes, este será quien se sienta más comprendido que es a lo que en el fondo todo el mundo aspira.

No es de extrañar que lo que llamamos inteligencia sea un subproducto de la sociabilidad, porqué la inteligencia es el arte que nació explotando las habilidades para convencer y las palabrejas explotar y habilidad tiene su razón en el engaño.

Ya ven, intento convencerles de que vivimos en los apaños, también creo que todo el mundo tiene el derecho y hasta quizás la obligación de vivir en la verdad absoluta sin que tenga porqué percibir en ello ningún tipo de desajuste y así es, ha sido y será, como decía mi abuela.

Yo, es que, lo que digo, para que llueva a mi gusto, es que, si pasáramos de mentirnos con absolutos inaccesibles y llegáramos a entender que lo más importante es vivir a gusto con los vecinos, y vecinos somos todos los que en la tierra estamos, nuestros argumentos se apoyarían en lo que debería ser de ley sin discusión: el bien común. Debemos sospechar que en cualquier otra teoría hay algún engaño del que nos servimos para satisfacer las tropelías de nuestra ínfima voluntad igualitaria. Así siempre acabamos sucumbiendo a pesar de que nuestra felicidad depende de los otros, en sentirnos especiales, distintos y no solo esto, sino que estamos dispuestos a demostrarlo utilizando trampas a espuertas con razones sin argumentos o argumentos sin razones, que más da, y amparados en terciadas verdades ficticias acabamos por enredarnos, que tristeza, a nosotros mismos.

Lo que nos une es lo mismo que nos separa irremediablemente, o…. ¿tiene remedio?

12 octubre 2008

Engaños



Yo mismo no me entiendo pero seguro que para un listo soy elemental. Esto me tiene preocupado, más que nada porqué me irrita aquello de que me utilicen. Por esto, a pesar de que en general no recelo de nadie, ando atento con los que me parece se dedican a extorsionarnos y no me refiero exclusivamente a la explotación económica, sino a la que generan aquellos que insisten en dirigir y manipular nuestras opiniones. No es sólo una pura cuestión estética, no me parece bien que se me imbuyan ideas que puedan ir en contra de mis intereses o de los intereses generales de la mayoría de la población, o sea que me jode que me jodan o nos jodan sin enterarnos.

Me lo dijo Joan cuando andaba batallando con la parte técnica para desarrollar el proyecto de un inmenso reloj de cuarenta metros de diámetro a base de leds. Se encontró con el problema de que en los extremos de algún número, no había espacio suficiente para colocar el led que le tocaba y trataba de explicarme que, aunque desde lejos no se delata su ausencia a simple vista, el cerebro puede notar el defecto e intuir la incorrección.

Es probable que no sea listo, pero recelo de lo que esconde engaños.

Recupero estas líneas escritas hace un tiempo y que no vieron la luz en su día, porqué me parecen pueden asociarse al clima de crisis que se abate sobre nosotros. Le doy a tamaña insensatez financiera, que tragaremos sin remedio, la solemne categoría de monumental desgracia global, adjetivo ajustado a la inapreciable lucidez que me regalan los textos de AAOIUE.

Joan, al que tengo más crédito que él que le confiere su título de ingeniero, me contaba paseando por el Montsià la anécdota de lo que es la bolsa y digo anécdota por su natural dependencia a la increíble fe del ludópata. Todo empieza cuando emprendedores sin el suficiente dinero para determinados proyectos se asocian para crear empresas conjuntamente. Ponen el dinero apropiado y expiden un documento donde consta lo que cada uno ha invertido. Resumiendo, es un reflejo del valor nominal de las acciones. Hasta aquí todo perfecto, pero en esta sociedad todo se compra y se vende y no por lo que cuesta sino por el precio que estén dispuestos a pagar. Así, las empresas que funcionaban bien y daban beneficios encontraban compradores de sus acciones por encima de su valor. La bolsa es el mercado que se ocupó de esta mercancía. Aquí termina lo substancial, todo lo que viene a continuación entra en terreno de lo especulativo o sea de lo intangible, imaginativo, irracional o casual y por lo tanto caldo de cultivo de la mala fe que estos señores explican de maravilla

Me subleva la dependencia a la palabrería. Me irrita y asusta que la sociedad dependa de que la fe en el todo va bien la sostenga. Y es que la fe, digan lo que digan los creyentes tiene unas bases frágiles. En defensa de mi integridad psíquica, para no perder el tiempo, reconvengo en que casi todo es inevitable y…., y esto lo doy por seguro, hay otros mundos mucho peores que los de este cacho que hasta ahora me tocó lidiar. Así, un día, quisiera luchar por la consecución de este mundo mejor que todos guardamos en nuestras entrañas y me siento traicionado por multitud de deslealtades de la gente que me rodea y otro me resigno más que me conformo con las comodidades que mi situación me permite disfrutar y me hago el longuis.

Sé que no somos santos y por ahí me acosa una contrita desazón. La desidia, la dejadez o el abandono general de valores que todos deberíamos seguir para dar ejemplo y que sirven para hacer habitable la sociedad, deterioran hasta lo insoportable el crédito que nos merece el actual montaje. Debemos empezar a volver a pisar el suelo firme de lo que realmente importa. Me parece que es urgente meditar con rigor que es lo que íntimamente necesitamos de verdad y no sólo en el aspecto material y actuar en consecuencia a partir de estas prioridades.

16 septiembre 2008

Desvaríos

  

Pensar es vivir en otro mundo. Las palabras enloquecen en este desierto que machacón propone sin control. 

Pensaba pues, irreflexivo, que la verdad tiene su sentido profundo en lo oculto, en lo que no se deja ver. Pienso mientras de refilón me repaso el ombligo, que tras la verdad se encuentra el caos percibido a través de espejos o sombras, así como entreveo mi  barriga, de pasada, poco antes de entrar en la ducha. Pienso que damos por buenos los reflejos, los afeites, los velos con que camuflamos nuestros defectos, conjurado todo el mundo en ver solo lo que queremos. 

Me relacioné por afinidad, por roce, por el gusto de quien me sorprendía, o por quien me divierte y también, sin razón, atraído por químicas enloquecidas. Luego, la afinidad, la sorpresa, la diversión o la química se desvanecen y el engaño se muestra desnudo aunque la fidelidad permite que muchas vinculaciones sigan. Decido mientras me froto con energía la espalda con la toalla, que la gente con la que te relacionas la acabas queriendo más por sus defectos que por sus escurridizas virtudes. Pienso de que ni el tiempo, que descubre sin misericordia cualquier enredo, puede erosionar la ciega y apasionada mirada con que distinguimos a los que queremos.

 Este puede ser el esfuerzo primero, recomponer cierta inocencia en la mirada que permita creer la realidad de los efectos y otro, volver a asumir que cada segundo es eterno

 Me aburro. Podría incluso decir que hasta la angustia que tan mal sobrellevo me produce hastío. Cada día que pasa se pone más difícil, perdido el punto de voluntad suficiente, caer en los efectos chispeantes que alelan la vida con banales obcecaciones que regalan de propina el no enterarte de nada. Siento extinguirse, el gusto de saltar electrocutado de una a otra ligera obsesión hasta caer agotado de placentera actividad. La felicidad anda por parajes elementales para los que en principio no ambicionamos nada, pero la mente es frágil y pide siempre contradictorias compensaciones. Le cojo pues inquina al tiempo que anda midiendo en falso lo que deben durar los afectos. Tiempo que, cuando nos va bien, conjuramos para que nos duren con profusión y que el mismo tiempo, sin variaciones cualitativas que constatar, se ocupa en deteriorar hasta lo insoportable, y anhelamos que el cambio al que accedemos gozosos después de acabar con lo que nos oprimía sea otra vez eterno, como nosotros mismos, patológicamente enseñoreados con engaños parecidos.

Me veo en la obligación de reconquistar, mal que me pese, la fe en la eternidad de lo que cambia a cada momento, de admitir la solvencia y la certeza de lo que sólo son bambalinas, de rogar que mi desierto se conforme con lo incierto y el argumento incuestionable que me permito presentar es que el espectáculo lo es todo, que sólo hay eso. Aunque siempre busque razones que amparen la necesidad de no propasarse en la virtualidad extrema, pues la nada, me parece, insostenible.

25 agosto 2008

Casa


Me intriga Salvador, el niño que contemplaba asombrado la caótica actividad de las hormigas un instante antes de aplastarlas concienzudamente con una piedra. Así es la vida. Un día apareció a mi resguardo, no recuerdo cuanto tiempo hace, con alguna de sus múltiples teorías. Aparece y desaparece desde entonces como el pulso en las sienes cuando los pulmones no dan abasto con el oxigeno que filtran del aire, de sopetón. Este es el encanto que tiene lo de las emociones.

Leo hoy en una entrevista a Benicio del Toro, (vaya nombrecito), que se preparó con rigor el papel para encarnar al Che en la pantalla. El actor o el narrador parece que deban documentarse a fondo para ser fieles a los personajes que interpretan, ellos deben saber bien a que fidelidad se refieren. La mía con Salvador responde a imágenes fugaces y también a las cavilaciones que me obligan sus inapelables visitas. El manejo de documentos pienso, no descubre otra cosa que la química de nuestros propios sentimientos cuando mezclan interesados con historias ajenas.

Voy al trote a casa para comer. A mi lado anda Salvador con el trato árido que le obliga la penuria de tiempo. Voy andando galopando con un Salvador despistado que me deja sin comerlo ni beberlo sin casa, me induce pues a recapacitar mas tarde sobre esta necesidad imperiosa que a veces nos ocupa, de conquistar espacios íntimos, de uso estrictamente particular, lugares donde nos sintamos a salvo.

Recuerdo el día en que aterrado después de ver un documental sobre un pueblo inundado por un pantano, Salvador, me participó del vértigo asociado a aquella pérdida que sentía como irreparable. Anegadas sus casas, los recuerdos, las vivencias, dolía el silencio y la tristeza de unas desamparadas familias mirando compungidas el agua estancada. Una mar que seguro, sentían como cementerio marinero.

Podría pedirle el texto de lo que hace tiempo me dictó para documentar su teoría sobre la casa, aunque para qué lo quiero, si recuerdo lo que decía con la engañosa precisión que guarda la memoria. Andaba la cosa por una casa donde la cotidiana monotonía permitiera meditar sin sobresaltos, sin la atención distraída en los menesteres que nos acucian en la calle. Tenía la idea que a una casa se le ha de exigir aquel tipo de comodidad que el hábito vuelve invisible y su ficticia desaparición sirva para reflexionar sin apremios. La casa sería como el sueño que repara de la vigilia, un lugar para valorar las luchas que entablamos en la intemperie, libres de las cargas emocionales con que nos turba la acción. Era la casa que le cubría en aquel tiempo sus necesidades.

Ahora Salvador tiene muchas casas que contar y teorías que ya no le cumplen la función encomendada.

***

El niño seguía con absorta atención la guerra que desvelaba a ratos y a cachos el padre, como el tiempo aquel que contaba, levantaba sin desmayo ni futuro en cada trinchera, espacio de acogida, cubículo donde dormir y eludir sorpresas y asperezas climáticas. Alimentando esta fantasía la cama le servía como casa, y la sabana, cubriéndole la cabeza, era el techo de la barraca. Le guardaba aquel lecho protector, convertido en casa, de los monstruos que acechan sin desmayo y al amparo de la noche las mentes infantiles.

Puestos a buscar casa, me susurra, elijo con preferencia el terrado donde subía de niño huyendo del rigor de la disciplina familiar. Mi reino era un caos de tejados quejumbrosos poblados de avispas, el cielo y un laberinto de cegadoras sábanas blancas oreándose al sol y si no, bajaba brincando por la escalera, cinco pisos para abajo y salía con espíritu franco a la luminosa plaza de tierra que era toda mía, tan mía como nunca lo fue nada tanto en parte alguna.

Expulsado con suavidad y sin descuido de las casas familiares, y de la plácida niñez, la calle se vuelve habitáculo y las casas de los amigos, y la de los conocidos o la de cualquiera que te tolere y el mismo cielo, espacio íntimo. Casa es el mundo entero. Allá donde te hospedas está tu casa, aunque luego, sin apenas voluntad ni decisión, acabes abrazando el cálido gozo que sirve unos generosos brazos. Arrumacos que te arriman y anclan, perdida la noción del tiempo, del espacio y cegada la razón, en la imperceptible y lenta elaboración del núcleo germinal de otra familia, de otra casa.

Al paso del tiempo cuentan nos espera, que el mismo mundo que adecuamos con pasión a nuestra conveniencia nos reviente la morada. Nada entiendes, desaparece sin arte de magia el paisaje donde, a gusto o a disgusto, se orquestó la función que protagonizaste y te encuentras buscando casa en la inconmensurable geografía de la infancia, donde el sueño de futuro resulta siempre inagotable.

18 agosto 2008

El dinero da la felicidad


Me gusta hablar de absolutos porqué me digo, son parientes del caos. Lo pienso porqué aunque representan algo concreto como Dios o Verde en cuando intentamos aprenderlos se escurren caóticos. Lo malo de estas cosas cuando crecen sin contención es que no sirven absolutamente para nada, o sí, para tergiversar lo que llamaré cotidianeidad. Influyen con su absoluta desmesura a simplificarnos o a complicarnos la vida, según se mire.

Es curioso que un absoluto a pesar de ser incomprensible, se convierta en el centro de nuestra existencia, pero esporádicamente ocurre y arruina al instante nuestra lectura de la realidad en proporción directa a la importancia que adquiera. El absoluto puede resignarnos o enfurecernos de tal forma que nos absorba para su uso exclusivo, lo que se dice un negocio ruinoso para atinar con lo correcto en un mundo variopinto.

Juan José Millás, vio escrito en letras de molde “El dinero da la felicidad” y como la felicidad es de estos absolutos que todos deseamos morder se perdió en desentrañar lo que consideró la mejor frase publicitaria que nunca había leído. No sé si le leí mal pero acaba contando lo evidente, que es un articulista y que cobra por ello quedando todo lo demás en el terreno de lo especulativo. Seguro que leí mal, pero como todos yo voy a lo mío.

La fonética en catalán de “massa” (demasiado) y “maça” (mazo) es la misma. Esta similitud se aprovecha para construir un refrán que juega con este doble sentido: todos los mazos (demasiados) pican (duelen). Yo creo que los demasiados, que son nuestros penosos absolutos domésticos, por descontado que duelen y duelen en sentido figurado y en el real.

Si alguien está libre de pecado que tire la primera piedra. ¿No será otro incordio absoluto estas historias mías con tantos absolutos y tanto caos?

Todos los excesos acaban siendo perjudiciales y si no, pregúntenle a mi hígado. Y ya, en plan sermón de andar por casa paraboralearé que la vida es como un cocido en el que pueden entrar un buen fajo de ingredientes, pero la olla, como cualquier olla, tiene una capacidad determinada y abusar de un gusto le quita espacio a los demás y el guiso pierde una buena colección de matices. Apreciará el cocido en todo caso el que tenga aficiones parecidas. Seguro que estas recetas con ingredientes dominantes aburrirán con el tiempo a sus más fanáticos defensores.

Así como el verde es un absoluto humilde y relativo, el dinero es un absoluto total y poderoso. La historia la escriben los vencedores cuenta la misma historia: “Pagant sant Pere canta” Si el dinero manda la historia se escribe su gusto. Así pues debe quedar claro que el dinero da la felicidad y atendiendo a su legendario prestigio además lo da todo, exactamente todo y cuando digo todo, digo todo lo demás. No quiero abordar en este texto, ni puedo, el interminable detalle de este otro absoluto que es todo lo demás.

Si el dinero lo es todo, el guiso es un desastre en cuestión de matices. Miren, yo pienso que el dinero, al que le tengo cierta inquina porqué no me quiere nada de nada, puede ser en esta deriva en espiral que es la civilización, lo que en su tiempo significó la crueldad. Su exceso ejemplariza una de las múltiples caras del poder, la intimidación que pueden ejercer unos hombres sobre otros fuera de lo que sería pertinente y correcto: el poder de la seducción para conseguir el natural y complejo deseo de amar y ser amado, la posibilidad de ser comprendido y consolado.

Comodidades a parte, los excesos de dinero vienen a solventar el: si no me quieren al menos que me obedezcan o que me teman, no me digan que esto no tiene su pizca de crueldad.

15 agosto 2008

Biografía anodina





Un día Salvador se sintió empañado por una leve sensación de fracaso. Sin ninguna aplicación, había vivido lo suficiente para empezar a sentirse cercado por su desesperante abrazo. Eludió o postergó sistemáticamente a lo largo de su vida cualquier disciplina que implicara esfuerzo alguno sin dejar de creer por eso que atesoraba unas inmensas facultades artísticas. Era un artista sin deseo, necesidad, ni voluntad de hacer nada. Magnífico, así pues su energía quedaba exenta de cualquier otra obligación que no fuera seguir el impulso de vivir.

Vivir no te libera del hecho de elegir aunque solo sea el ir de acá para allá, hacer esto o aquello, conocer gente, saber ser agradable o desagradable pero intentaba que tales cuestiones no le procuraran la más mínima preocupación. Evitaba siempre que podía tomar decisiones arriesgadas. Su mundo ficticio se deslizaba sin ruido por la brillante superficie del constante movimiento.

No, no había fracasado, simplemente, nunca puso empeño en nada.

El día en que sintió la áspera opresión del fracaso, su angustiosa y fría caricia, empezó a escarbar furioso en busca de las claves que le ayudaran a reconstruir la implacable geografía que le abocó hacia tan monumental, catastrófico y constatable desastre. Aun está en ello.

06 agosto 2008

Una vida emocionante


El que culmina sus deseos tiene el camino allanado para adquirir la textura dura e impertinente del satisfecho.

La voluntad o la ambición mezclan decisivas en lo que se prevé que será un futuro prometedor y aunque luego el azar tuerza caminos no abandonará el que con estos hábitos vista, la capacidad de volcarse a cada revés en cualquier nuevo objetivo a su alcance. Su vida necesita de metas que cubrir y estas tienden a evitar, por una cuestión de eficacia, posibles distracciones. El hombre se vuelve ordenado y su ambición meticulosa le hace valorar las cosas en su justa medida y esto le hace distribuir los beneficios de su proyecto de vida de manera rigurosa, no sea que pierda en transacciones erróneas, nivel jerárquico o influencia. Decisiva como es la imagen y las formas en la sociedad que le cobija, descanso, gustos y afectos se valoran con objetividad. Bajo esta óptica las emociones deben guardarse bajo llave y sólo se sacaran de paseo en caso de tormenta o cuando la razón peligra. Este es el hombre hecho a sí mismo y con este andamiaje riguroso se acaba procesando fríamente el mundo de las emociones pasando a valorar el mundo desde la óptica de lo productivo y bajo estas condiciones piensa, desea y maniobra para que su descendencia observe los mismos criterios. Este hombre alcanza en occidente la categoría de mito ejemplar pues su competencia y capacidad de superar adversidades es el núcleo, el motor de una sociedad con idéntica dinámica productiva. Las metas acaban siendo pues contantes y sonantes, muestras de poder que resulten evidentes para cualquier observador carente de criterio. Al fin, empantanado en cualquier meta después de un arduo trabajo a veces acusa las pocas satisfacciones afectivas y recurre a darse por satisfecho con la vanidad de lo conseguido, demostrando con desplantes variados que con sólo objetivos materiales las vidas pueden resultar un fiasco. Aunque todos sabemos que la vida resulta un desastre por cualquier motivo su condición de ganadores hace que estos desequilibrios les afecten doblemente.

No quería hablar yo de este espécimen común que ha transformado el mundo en el basurero que ahora es. Sino de los que posibilitan otras dinámicas para encarar la vida, pues la primera y más importante revolución se debe ganar en las entrañas de cada individuo.

Los que andan sin metas definidas multiplican sus experiencias vitales incluyendo los deliciosos fracasos derivados de su inconcreta ambición. El que por una u otra causa no sucumbe a la tentación de seguir líneas de comportamiento marcadas de antemano mantiene cancha para que le zarandeen un buen paquete de emociones. Nadie guarda la llave de la felicidad que es lotería, pero la emoción tiene por dueño aquellos que no le pongan cotos que la limiten y déjense de historias, la emoción importa, da sentido y colorea una vida.

Si el arte es emoción y si todo junto es tan importante, aquel que convierte su vida en algo emocionante tiene encarnadura de artista, del mejor artista posible, aunque no pinte, esculpa, ni escriba nada. Porqué si de lo que se trata en la vida fuera sólo donde caerse uno muerto, cualquier rincón, me parece, sirve para esto.

27 julio 2008

Juegos espirales


Estoy en trance de aprender a no tomar en serio lo que digo incluso cuando me fluye un conveniente y enfático discurso. En cuanto me tomo un respiro pienso, ¿pero que digo? Así en el trance siguiente estoy en condiciones de dar la razón a quien me contradice, esto si, parando atención en descubrir los posibles engaños que esconden los conspicuos polemistas.

Sin sentido del humor se pierde un magnifico sentido. Lo más complicado, suspiro, aceptar y cultivar con resignación aires de tragicomedia en la aventura de lo que llamamos vivir.

Sin pensar caigo en juegos espirales. Revolotean libres en mi cerebro. Giros consentidos sobre mi mismo que sé que no alcanzan meta alguna. Ni recrear puedo con rigor lo que recientemente pasó. Sólo un leve mareo certifica que atiné otra vez, con el norte que había perdido girando.

Es aventurado salirse del surco convenido, linde que nos protege de deslices gratuitos. Pero un deseo imperativo obvia lo que fue ya conquistado, aquello que gráfico imagino queda estampado como los dibujos que roturan húmedos regueros en los márgenes de barro. El líquido elemento que los esculpió en mi particular cuenca es la misma dispersa, diluida atención que luego sin control, burla antiguos cauces, revienta con intermitente regularidad la seca tierra con los trazos imprecisos de nuevos y delgados reguerillos. La acuosa atención surca rebelde a la conquista de terrenos baldíos empujada por tormentas que rompen abruptas las tediosas calmas. Derrota al barro hurgando en las cuarteadas heridas de su frágil estructura arruinada por el incorregible paso del tiempo.

Pero también lo minuciosamente elaborado se revela, no de barro, sino de intangible materia inventada de lisa y tersa superficie. Dibujos y volúmenes de escueta geometría, paisajes ordenados con trazos simples, sin mácula ni sorpresas. Espacios elaborados para alcanzar una perfecta felicidad, sin fisuras, ideal. Perfilada exposición de sueños que no necesitan en principio de nada ni de nadie. Pulcro y limpio, casi reluciente, nuevo, así es lo que elabora el pensamiento óptimo antes de que sea expuesto a los inconvenientes que agitan, que se agolpan en las ventanas, en las terrazas, en los tejados que protegen la casa del acoso del arbitrario poder que reina en la intemperie. Torbellinos que azuzados por el azar se cruzan sin previo aviso en nuestro camino.

Impedimentos que no me dejan, agotadores, descansar en paz. Recogido en mí convenida y sosegada casa debo andar pues, cada día inventando relucientes y nuevas arquitecturas para sentirme mejor, más cómodo y bien protegido, siempre atento en determinar y domeñar lo que de inconveniente pueda hacer acto de presencia en el imprevisible futuro.

22 julio 2008

Un particular absoluto


Un hombre encandilado por la reluciente bóveda celeste se topó con las estrellas. Galileo las aproximó con un telescopio y unas cuantas generaciones después a base de inventar artilugios cada vez más potentes, se encontraron con una fuente de ilusión que parece, habrá de explicarlo todo: la infancia del cosmos.

Vivimos. Y enfrascados como estamos en irreflexivas cuestiones perentorias, pasa el tiempo. Un día, curiosos, queremos desentrañar, desenmascarar el fondo de tal actividad. Buscamos alguna razón que certifique la bondad o malicia de nuestros desvaríos. Como niños nos preguntamos el porqué de las cosas y hurgando introspectivos encontramos un camino que siempre conduce a un origen. La respuesta parece encontrarse en la infancia. Se convierten aquellos pocos e inconscientes años en inalcanzable tierra prometida.

El hombre vive, y cuando reflexiona, recula hacia geografías irremediables. Intenta encontrar en lo sufrido las claves de una realidad que no consigue apaciguar. Topa una y otra vez con absolutos con la constancia del espermatozoide impelido por la improbable esperanza de fertilizar, de dar con una razón convincente que ilumine su existencia. Con la locura de encontrar una fe que al fin, si simple sucumbes a su abrazo, te esterilizará.

Navegar no tiene otro sentido que navegar. Parece ser así, pero no conforma. Caer en la cuenta, una curiosidad, que el verde absoluto lo ocupa todo pero se desvanece por otra cosa que crece desmesurada a ocupar el vacío que no abandonó el color. Así lo absoluto lo abarca todo y debe de tener su física especial cuando su dominio es permeable a otros dominios de cualquier elemento o fracción u absolutos específicos con que topamos.

Gracia encuentro en que, tan gran singularidad anide en mí. Me llena de gozo y orgullo mi misma mismidad tan grande que cedo a menudo de buscar resquicios para entenderla. Ni parte pequeña discierno justificar a pesar de gastar en ello todo mi empeño.

Y tú misma, otro absoluto. Fíjate, sabes perfectamente quien eres conmigo, con la precisión que te da la singularidad con que manejas cada uno de los tratos que estableces. Pero quien eres conmigo nada tiene que ver con quien eres con los demás. En cada trato eres distinta. Fíjate que, en tu intimidad, cuando decides reposar y piensas en los demás y en ti, eres distinta en cada momento de cualquier otro tiempo que recuerdes, inabarcable en tu otredad.

Sabes con precisión como eres conmigo, sin parangón en como eres con cualquier otro que trato establezcas, aunque sea sólo de una mirada. Pero ahora, dentro de un rato, esta poquedad o cualquier otro elemento circunstancial modificará el como nos vemos y sentimos. Con esta complejidad pinta este absoluto inaprensible, aunque ¿para qué queremos aquietarle? Apaciguando anda la muerte.

10 julio 2008

La felicidad 3




A veces me parece que nada hay que no tenga hueso, espina o pincho. No es del todo cierto. Están las cosas buenas como el pan, sin desagradables sorpresas y luego todo lo demás.

El pan está bueno, y tierno huele que alimenta. Como tú misma, que hueles tan bien que no pareces esconder hueso, espina o pincho. Aunque huesos se te suponen, cautivo me tiene el lujo que les protege.

Nada es sin luz, digo a bote pronto, y me asaltan palpitantes sensaciones en tibia oscuridad y corrijo, la luz lo es todo. La mente se ilumina con lo que vi, quizás no alcancé mucho pero si suficiente. Tengo la luz y huelo a pan, la felicidad consiste en esto, aunque luego sueñe con roces que estremecen.

Se habla mucho ahora de ruidos y de inmediato los siento, tanto, que no me importaría prescindir de ellos. Son el hueso, espina o pincho que molesta. De pan será pues el son que halague la atención. Te oigo y de inmediato mis ojos te celebran.

Fíjate, todo está en ti. No puede haber gusto en renunciar a ello. El pan que tengo, me lo como y cruje como huesecillo al morderlo mientras me invade el aroma, el paladar, la textura del alimento. Satisfecho, siento el calor del sol y todo parece perfecto, pero sé pobre de mí, que con esto no es suficiente

05 julio 2008

Convicciones


Si el tiempo acompaña y nos cuidamos como es debido, holgaremos por este mundo hasta la sofisticación extrema, pero seguro que aún entonces, guardaremos prácticas de ameba, como ahora, que nos sentimos muy satisfechos con la simplicidad del todo o nada, una gloria de maniqueísmo.

Soy consciente que sin el reflejo casi involuntario de arramblar con todo lo que sea para elaborar opiniones convincentes, dejaríamos de ser quien somos. Cuando pillo el hilo de un discurso, busco mil argumentos que lo sustenten pero, no pasan ni cuatro días que ya dudo y disiento de lo redactado. Es lo que tiene el arrimarse con ardor a defender unas ideas que luego resultan por cuestiones de plástica contundencia, en general, demasiado simples. Yo, es que creo que las convicciones y su argumentación sólo sirven, en principio, para discutir, o sea, para reafirmar tu personalidad frente al otro.

Pero la reflexión o la necesidad nos vuelve civilizados y al fin, la parte energúmena, aquella que todo lo simplifica, consiente en el juego dialéctico. Se establece entonces la confrontación necesaria para llegar a acuerdos comunes. Es así como se elabora una conciencia colectiva que pueda resultar vinculante. Este toma y daca dialéctico adquiere pues una esencial importancia. Las condiciones varían constantemente y la capacidad de reorientar opiniones en interés mutuo se convierte en una cualidad remarcable.

Tanto nosotros y como la sociedad necesitamos de convicciones firmes, aunque no se debe perder de vista que la convicción más útil es que las convicciones no son más que una herramienta y que se debe prescindir de ellas desde el mismo momento en que puedan substituirse por otra mejor, o mejor aún y rizando el rizo, la convicción más sólida debe ser la que nos guarda de convicciones demasiado sólidas y reconozco que esta última condición es exigente.

Así me parece terapéutico, primero, considerar especulativas nuestras razones y a partir de aquí, ser capaz de valorar otros puntos de vista con la humildad que da saber que tus opiniones son parciales y por lo tanto anecdóticas. Es la historia de siempre y que tanto dolor produce y producirá a la humanidad entera: las opiniones firmes y las sólidas convicciones, son útiles, diría que hasta necesarias, pero también extremadamente peligrosas y más hemos de temer de su bondad en cuando las establezcamos para garantizar nuestra seguridad o parcial beneficio. Ya se sabe que en estos casos se nos da muy bien el comulgar sin inmutarnos con ruedas de molinos.

No tenemos otro remedio que amarrarnos a nuestra particularidad, pues a ella y a su supervivencia nos debemos. Esta personalidad es la que busca consolidación a base de convicciones que eviten naufragios, pero no debemos olvidar que estas, deben ser lo suficientemente maleables para apreciar la verdad de los demás y los errores propios. La competencia de nuestros planteamientos sólo se certificarán si se contrastan opiniones diversas y esto es lo que nos debe estimular a conocer en variedad y profundidad, maneras de pensar distintas para poder defender con rigor las nuestras y no solo, buscar la satisfacción coincidente de quien nos de la razón. En esto se funda el progreso y este no para quieto para quedarse atrincherado en convicciones sedimentadas.

Lo mejor es que la casa se construya sin prisas y sin pausas, que resulte cómoda y habitable, que no se anquilose y esto nos condiciona a no supeditarla a rancios gustos de épocas pasadas, aunque ya se sabe que para gozar de una buena biblioteca uno no tiene porqué atender a la fecha de la primera edición de sus libros.

28 junio 2008

Tonterías


A menudo lo paso bien con tonterías y esta cualidad me vino de pintar. Supongo que a quien es curioso le sucede lo mismo con cualquier otra afición.

Invocar a la inspiración no es tarea fácil. Exige una profunda concentración (Un estado peligroso donde puedes pegarte un trago de aguarrás o fumarte un lápiz) y debes intentar olvidar todo lo que hasta este mismo momento habías aprendido. Esta es la mezcla buena. Tienen su complicación las dos condiciones y rendirán mas a medida que se acerquen a un punto de la perfección, o sea de la locura.

Y la tercera, no sé ahora, aunque siempre dicen que no hay dos sin tres.

Uno aprende ritos. Una ricura de ritos propios. Los ritos son ceremonia sedante. Los ritos los necesitamos todos, impuestos o de creación propia. Hay que tener cuidado en que no se transformen en desconsiderados tics.

La cuestión es que después de mil batallas en busca de la fecunda inspiración para sacar a este genio que todos creemos que tenemos dentro, das mas vueltas que una peonza.

Si das muchas vueltas acabas en todas partes y aparte de enterarte de cómo cuecen habas te aburres como una ostra.

Harto de tanta vuelta, desaprendiste tanto que no sabes ni mirar. Es la situación ideal. En este estado el cuerpo te pide a gritos ritos y sorprendido por una galopante saturación te gusta aquella tontería mínima que utilizas de cebo, una línea, un punto, un papel arrugado, una mierda en un palo. Estás inspirado.

26 junio 2008

Lo que me peta



Cuando me peta, o sea de Pascuas a Ramos, me jode bastante el manifiesto fracaso de no saber manejarme como adulto, y no por la incapacidad recurrente a lo largo de toda la vida en resolver problemas materiales, que por cierto me preocupan relativamente poco, sino por este no parar de anotar y borrar lo que se supone tendría que tener ya sumamente elaborado. Me siento como mi perro que parece preocupado cuando no consigue entender que es lo que le digo.

Si no cayera tan a menudo en un dale que te pego en intentar descifrar ingenuamente el mundo, si viviera regalado en una sólida y convincente formación, seguro que no me atormentaría con vagas disquisiciones y podría tener un fantástico blog de opinión de lo que se tercie, que es a lo que uno aspira, pues para nada deben importarle a nadie unas pesquisas personales elaboradas al buen tuntún, más bien nos vence la curiosidad por lo ocurrente que brota, esto si, a cuentagotas en este virtual mundo.

Aunque bien mirado no se le pueden pedir peras al olmo, una cosa es lo que se quiere ser y otra lo que se es y de momento no me queda otro remedio que ser lo que soy, hasta que el incontrolable ego que me maneja o el azar decida cualquier otra cosa y cuando lo decida haré como que fui yo quien decidió.

Los blogs personales podrían ser como el del señor Mantel de una corrosiva y cómica intimidad, pero no es cosa corriente, lo habitual es que el tono sea de medida seriedad, mientras me digo si no habrá en esta deriva, alguna perversión escondida, pues si en mi pueblo voy y cuento lo que aquí diserto, seguro que me quedo sin conocidos en poco tiempo.

La oferta de especulaciones personales no atrae otra atención que no sea lotería del azar o la conseguida a base de navegar en busca de consoladora simpatía. Replicamos esquemas habituales y me da que estamos abandonando un tipo de mundo por otro muy parecido. A cada vuelta en espiral de esta huída hacia el futuro, ganamos y perdemos algo, pero quedamos circunscritos a esteriotipos. Se nos multiplican las vidas que atender y sin remisión agotamos nuestro tiempo sin poder certificar si con los cambios andamos ganando o perdiendo, como en la vida misma, donde el progreso que logramos, no sabemos si alcanza a compensar lo que vamos perdiendo. Pero así como a mi vecino veo cada día sin remedio, y quien a mi casa viene o cuando a su casa voy es suficiente con andar en la dirección correcta, aquí, el afortunado azar aún funciona, aunque estoy seguro que terminaremos por acotarlo de tal forma que en nada diferirá de las habituales fórmulas concertadas en el mundo físico.

Hoy sollozo por no saber que es lo que tengo que hacer con todo, o con nada, que es mucho no saber y por quedarme además sin tiempo con tanto que atender, sin entender muy bien porqué estoy haciendo lo que hago.

En fin, como algo debo hacer y ahora me apetece esta TONTERIA, voy a pescar un rato en el río del azaroso GOOGLE. Por supuesto quedan disculpados de leer esta sarta de gusanos los amigos y si me apuran hasta las victimas que queden de ellos prendidas y puesto que a partir de ahora no se debe leer les deseo un feliz y descansado día.

Aquellos días maravillosos de nuestra infancia llenos de ripios, conjuntos de frases hechas, frases contradictorias amparadas en paisajes singulares bajo la democracia orgánica de los palacios suizos. Platos rebuscados, sueños escabrosos de una noche de verano, babas abundantes derramadas en sórdidas historias de cama. Delirios de grandeza, como combatir el insomnio, curar depresiones, como hacerse rico en cuatro días, escogiendo el color de cada número, tripas y corazón, cariño del amor hermoso, el sentimiento de la copla, una selección de martirios escogidos, teléfonos descompuestos, descomposición y dolor de tripas, dolor de muelas redactando cartas de amores contrariados. La imaginación volando aunque en estado catatónico. Adonde iremos a parar con esta constitución alambicada de la realidad misteriosa. Esto, misterios alucinantes, situaciones tétricas como fotos de cadáveres, accidentes de aviación, definiciones exactas de situaciones estrambóticas, vaca socrática, el punto aquel que gustas de robar ideas brillantes, los secretos del bricolaje profesional, todos los secretos juntos del mundo, secretos misteriosos que de tan secretos, no existen, como cuando quieres conquistar el mundo sin saber lo que tienes en la cabeza, ideas preconcebidas que florecen como gardenias, cosas divertidas que no hacen ninguna gracia, una buena manera de relajarse es hacer lo que te viene en gana cuando no cuesta ni un duro, refranes, frases hechas, andar persiguiendo fantasmas. Hacerse el duro en películas del oeste o en películas de miedo o en películas de ciencia-ficción. Melodramas famosos, historias para no dormir, cuentos chinos, cuentos de Calleja, tener cuento, contar cuentos, contar y no acabar. Estar constantemente deprimido, en el punto justo de saturación para ver que es lo que tiene éxito, donde iremos a parar, en situación de pegarse una leche. Buscar rimas poderosas de poetas malditos, escatologías abundantes, escándalos a mogollón, prensa rosa, azules cobaltos, verdes praderas, mujeres pelirrojas de bandera, blanco y negro, todos los colores del arco iris, pasar página, deseos de terminar, historias de aparecidos, historias urbanas, tantas cosas innumerables que obnubila el entendimiento, buscando de leer entre líneas frases hechas. Hablar por hablar sobre todos los tópicos conocidos. Sensación de fracaso inminente por quedar seco, alcohólico anónimo es amigo de borracho conocido, cogorzas, pedos, andar en la luna, luna de valencia, la lluna en un cove, pelos en la lengua, caer en desgracia, Fidel Castro no pesca, buscar el camino correcto, pardiez, trabalenguas en castellano o en suevo, o en guaraní. Hablar en cristiano, el velo árabe, la Conchinchina. Naranjas de la china Se le pasaron las pasas. Sistema métrico decimal. Pesas y medidas en platino iridiado. Estar de fiesta todo el día, como trasnochar viviendo en el extranjero, donde comer la mejor hamburguesa, deliciosas patatas fritas, hojaldres, zumos de frutas exóticas, extravagancias delirantes, desnudos integrales de frente, de perfil, a cluecas, desnudos de mujeres cochambrosas, títeres sin cabeza, resúmenes de pruebas de selectividad, asaltos a mano armada. Trabajar sin descanso en noches de vinos y rosas. Mandar correos a miles, clubs de fans y otras malas hierbas, bocados exquisitos, siempre se habla de comida comiendo, lo que hay para comer o la desnutrición enfermiza, los alimentos básicos de la humanidad entera, porciones, trozos, minorías étnicas, cuestiones estéticas, filosofía de la vida, filosofía barata, monstruosidades filosóficas. Caminos y veredas, altonazos, luces y sombras de la sierra madrileña, ajuares de boda, castillos imperiales, los gozos y las sombras, sueños imperiales en la España Napoleónica. Comprar en el mercado frutas y verduras con una receta de perfectos calamares a la romana, ensaladilla rusa, jugar a la ruleta rusa, jugar a la comba, juegos de niños, juegos de mayores, juegos de viejos, todos lo juegos reunidos. Como no aburrirse, buscar palabras raras, palabras ininteligibles, cacofonías, ditirambos. Resolución de problemas matemáticos. Guiones de películas, trabajar a destajo, pagar a toca teja, dibujos animados, fumar o blasfemar como un carretero, lo que tiene enjundia, ¿Qué se le puede ocurrir a la gente? Salto del tigre, un tigre, dos tigres tres tigres o trigues, trigales mesetarios, diferentes tipos de siestas, cestas de mimbre con adornos de organza. Aquello que tiene que pasar, que es preciso que pase, que se lleve todo por delante. Los cien mil hijos de San Luis. Donde manda patrón no manda marinero. Cuando no quieren obedecer a Rey muerto Rey puesto. Como guisar las castañas, comer higos, las mil caídas. La sombra de un ciprés, caer en fuera de juego, buscar lo que no tienes, caer en gracia o ser gracioso. Como hacer nudos marineros, cascar, todos los verbos irregulares. El tiempo que hace, el tiempo y el espacio, temporales famosos, destrucciones masivas, amores lejanos, perderse en la selva, ahogarse en un vaso de agua, beberse el mar, caer del cielo, subir a las estrellas, cálculo matemático, calcular de memoria, trabajar a destajo. Aquí se vende todo, todo lo regalo. No me vengas con cuentos. Tal faràs tal trovaràs. Compartir habitación, que hacer con los sin techo, compartir excreciones, salivas, humores. ¿Quién da mas? Nadie da menos que yo. Todo sobre el Capitán Trueno, la sombra que camina, la ley de la selva. Conversaciones en la catedral, pasmados, pasmosos, culebras de secano. La aridez del fin del mundo. Secretos de confesionario, sueños de grandeza, historias para dormir a pierna suelta, prótesis de primera, alargamientos de verga, enfermedades venéreas, venerables ancianos, pajas mentales. Empezar y no parar, como no cansarse de montar en burro, maneras de montar a caballo, montárselo de coña, coñac barato, asociaciones de ideas, asociaciones de locos de atar, paseos en bote, playas paradisíacas en Menorca. Un vaso de vino en la tierra roturada por un arado. Un sol como un gorrión, formas poéticas guardadas en formol, dibujos de muertos. Excursiones por la montaña, mochilas de escalada, cantimploras de mercedarios, beber vino en bota, diferencias entre bota y boto. La manera ideal de exprimir cítricos. Viajes baratos, viajes muy baratos, viajes regalados, noches de hotel, vivir de gorra. Ángeles y demonios, haz el amor y no la guerra, guerreras militares, museos oceanográficos, saber encontrar fósiles en las cordillera Cantábrica. Mi mama me mima, caligrafías orientales, envoltorios de regalo, anillos de prometida, colchones, tálamos nupciales, ¿de que estoy hablando? Trabajar día y noche en los pozos de petróleo, tener suerte a espuertas, buscar la suerte, caer en suerte, caer en desgracia, toda la suerte del mundo, aquí te pillo aquí te mato, no tener donde caerse muerto. Frases lapidarias. Frases célebres, vendo mis calzones por unos canelones a la Rosinni. Al agua patos con todo lo que se puede hacer este verano. Destilar licor con alambiques. Me cansé, punto y final, punto y seguido, punto de cruz, lo mas aburrido del mundo.

Los resultados, a saber.

22 junio 2008

Felicidad 2


Atrapados por la placidez que da la felicidad revolvemos cielo y tierra sin descanso, exprimimos los recursos de que disponemos con el implícito deseo de dar con las condiciones ideales para conseguirla, sin saber a ciencia cierta como se conquista ni que es lo que hemos de hacer para merecerla. Los momentos en que nos embarga la felicidad son suficientes para sucumbir golosos a su experiencia y, como cualquier adicto, desde entonces elaboramos con desigual fortuna, intricados sortilegios y delirantes estrategias para conseguirla.

¿Porque ando ahora enfrascado en batallas que considero perdidas?

Tropecé esta mañana con una cita del muy ilustre Don Miguel de Cervantes: “La peor locura es ver la vida tal como es y no como debería ser” Un romántico me dije. Aunque, buena felicidad da –consideré- aquel equilibrio que se consigue cuando crees que has desvelado, cuando pretendes haber encontrado las claves que descifran la realidad. Dura poco, pero también sé desde hace algún tiempo que lo efímero es consustancial de la vida.

El “estoy muy bien” debería ser suficiente, pero nunca lo es, y siempre condicionados en buscar este algo más, conseguimos que la intricada vida con impunidad nos zarandee. No atinamos luego, cuando podremos gozar de nuevo de los beneficiosos efectos que atribuimos a la felicidad. Por mucho que lo intentemos, a esta señora, siempre le da por aparecer sin previo aviso, por sorpresa y en cualquier momento.

Días tuve que consideré que la revelación, que el puro trance de saber daba la felicidad. Disponía pues de una teoría del conocimiento que respondía, no sé si a mis dudas o a mis inclementes deseos. Contestaba al caos que se cernía sobre mí con concluyentes razones que lo disipaban.

Elaboramos o encontramos en nuestro periplo vital, teorías, razones, fórmulas, citas, situaciones, que parecen ser la ajustada y definitiva respuesta o el principio fundamental donde solventar todas nuestras contradicciones. Son aquellos momentos en que nos negamos aceptar la fragilidad de las empresas que emprendemos, hasta el punto de llegar creer en fantasías como que, cosa tan efervescente y desequilibrante como suele ser el amor bastará para llenar de sentido nuestra vida. La maldita realidad nos aplasta luego con su devastadora crueldad, pero sin esta fe no conseguiríamos ganar el equilibrio ni el sosiego con que nos deleita la sutil armonía de los momentos felices.

Así es que hoy doy la razón al clarividente Cervantes y me apunto muy circunspecto a eludir, esforzando para distraer la objetividad, aquello que ocurre sin gusto ni remedio, y me abrazo con ilusión a la maravilla de lo que pienso que debería ser y será si me lo propongo con obstinación. Al fin, lo más relevante de la vida es la ilusión con que emprendemos la lucha para conseguir lo que con persistencia deseamos, aunque a veces resulte poco menos que imposible. Siempre con cuidado de que los deseos propuestos no deriven luego en situaciones de catástrofe.

15 junio 2008

Contrastes


A las ocho de la mañana, cuando andaba pensando vete a saber en que absorbentes abstracciones, se me definió un campo de trigo con una amapola en medio. Sin querer el ojo queda seducido por la roja amapola mientras desaparece el verde trigo. La nimia amapola atrae la atención de manera inusitada en contraste con la inoperante presencia absoluta del trigo.

¿Existirá? Pensaba a las ocho de la mañana, ¿una ley física universal que impulse a fijar, que resalte todo aquello que contrasta?

Anda el caos ocupado en liarlo siempre todo con su delirio absoluto y a su titánico trabajo de tenerlo todo desordenado le surge un bucle, algo se ha repetido. El intruso orden brilla elegido dentro de la magnitud absoluta del caos. Es la amapola en el campo de trigo. El caos parece desaparecer en comparación con el decidido relieve que adquiere el proyecto de orden.

De una multitud gris que me rodea cada día emergió ella y el inaudito relieve que por contraste adquirió su persona impulso mi interés. Desapareció el resto del mundo y su imagen adquirió un protagonismo único que se concretó en deseo amoroso.

No nos es dado poder abrazar absolutos. No puedes enamorarte del universo entero y mucho menos entenderlo, así pues la ilusión que se establece con lo que distingues y atiendes es la llama que enciende el motor que impulsa al mundo. Este mundo que con tu atención recreas no es el mundo, pero déjate de puñetas es lo único que adquiere el necesario relieve para ser, para existir. Es nuestro único mundo.

Un punto de orden en el desorden o un pequeño desbarajuste en el orden es como encender una luz en la oscuridad. Solo entonces todo se vuelve, por arte de magia, posible.

08 junio 2008

Dando sepultura

Después de sorprenderme el día de San Jordi mirando una flor con idéntico interés con él que un ginecólogo corriente el sexo femenino, me puse como penitencia recordar las rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Esto no es un cuento chino.

Miro la rosa con ojo clínico, observo las nubes del cielo como si fuera una Mónica López cualquiera y atiendo con socarronería a los profetas de nuestro tiempo que anuncian entierros de lo que nunca acaba de morir.

Percibo, eso sí, que tan lento como mi resistencia a abandonar la adolescencia, grandes ideas, imperios, horizontes seguros y pensadores inconmensurables derivan barridos por inusitadas casualidades o exigencias que dicta lo vigente.

Pierde actualidad, prescribe sin remedio lo que parecía imperecedero.

¿Donde se perdió el romanticismo? ¿Donde quedó la voz que descubrió un emocionante mundo nuevo sin apenas movernos de sitio? Nada desaparece del todo, lo sé, y lo romántico bien anda por ahí culebreando, pero su inyección de ardientes pasiones empieza a escasear en el mercado actual. Las contadas dosis de este veneno se racionan con cuentagotas, Ninguna fantasía debe turbar la eficacia científica del hombre nuevo.

Las pasiones se encasquillaron en la pura miseria de la necesidad y se dirimen en la tele buscando o la lágrima fácil o saciar la perniciosa sed de los que parecen gozar con el sufrimiento ajeno. Mientras, en el día a día, andamos la gente en el agobiante trabajo de mantenernos a flote, tantas veces acorralados en defensa de la pura y simple piel, que un sentimiento de soledad inmensa nos empuja a abrazar recetas que, preparadas con ahínco, nos dirigen hacia productivas y perniciosas simpatías corporativas que nos aíslan más todavía. Parece como si algún mandamás hubiera decidido, con el descrédito de las pasiones, dejar al hombre con el único desnudo objetivo de competir cada uno contra todos sólo para dilucidar, como los micos, quien es el guapo que se convierte en el número uno.

Lo concreto, depurado cuidadosamente con la ayuda de las manoseadas estadísticas, dirige nuestro destino; y esta guerra, interesada como todas, se dirime de manera exclusiva en el terreno de la economía. Lo otro entorpece, aparece siempre como superfluo, como algo añadido, siempre subsanable y supeditado sin discusión al rey de la casa, el dinero. Es probable que todo sea cierto, pero tiene gracia y alguien se debe reír a pierna suelta de que todo el mundo ande o perdido en la miseria o con ansias de capitalismo.

No me digan que no es un contrasentido que sea la competición de ver quien acapara más y mejor, el motor, el sueño, el ideal de un colectivo. Aún más contrasentido me parece, que la capacidad de explotar al personal supere en ilimitado prestigio a la solidaridad. Discúlpenme, pero esto, me parece, no tiene nada de razonable, nada que ver con una sociedad equilibrada, armónica, juiciosa, digna o cualquier otro adjetivo que invito ustedes añadan a su gusto, todos caben en esta paradoja.

03 junio 2008

El valor de lo velado



Discutía, como en mis mejores tiempos de discotequero, con un intrigante personaje, vigilante inquisidor que no me dejaba colar en la catedral una vez concluida la ceremonia funeraria, para poder dar mi sentido pésame a quien fuera. Sonó el despertador y rezongué interminable con la dificultad que une al universo entero en encontrar el instante justo de levantarse.

Me siento en el borde de la cama de un bote y luego sé que toca asomar por la ventana, laborar con domésticas cuestiones de nutrición e higiene, salir al fresco de la mañana y encontrar el mismo distinto paisaje de siempre. Pensar.

La realidad es lo que con precisión sucede, una quimera.

Ayer subí cuatro o cinco peldaños de la escalera de caracol que da a mi taller justo para poder mirar, a ras de suelo, lo que anteayer dibujé. No me gustó. No me gusta casi nunca lo que abandono el día anterior con ilusión y es que en el fragor de la batalla de pintar me ocurre lo del beodo, la realidad adquiere por momentos tintes exultantes que en sereno, se moderan humildes en extremo.

Reconduzco la confusa realidad de mis pensamientos a una cebolla tan real que casi me la pongo a pintar, tan perfecto es el tinte dorado de su piel.

Ayer, espiaba a ras de suelo mi dibujo percatándome de que lo que pinté en la última media hora era un desastre. Me ocurre a menudo, deja de fluir lo que con precisa y elaborada dificultad invoco y de pronto, me da por concretar lo que permanecía insinuado y emerge sin o con dificultad una realidad plana desprovista de todo interés.

En la última capa de la cebolla encuentro el germen de un tierno y utópico proyecto de hortaliza. Capa a capa buscas el corazón, la realidad exacta de la cebolla y lo único que encuentras es, cada vez, una cebolla más pequeña.

Al desvestir en exceso la realidad topas con un proyecto de hombre que es idéntico o tan parecido al que vive su confuso presente que vuelvo de golpe a mi mismo, respiro y me recreo, antes de empezar este redactado, a darle cancha y valor a la veladura, al engaño, a lo que adquiere y conforma un cuerpo real en la irrealidad misma de ser.

29 mayo 2008

La felicidad ja ja ja ja....


Desde luego que el día de mi primera comunión no fue el más feliz de mi vida, ni el día de la jura de bandera, ni el día de mi boda, ni tantos días en que pretendidamente tenia la obligación o la meta de ser feliz. Y me lo pase tan bien sin ninguna obligación tantas veces, que decidí que no me va lo que se da por hecho. No conozco los entresijos de la estadística, pero por lo que he deducido de este y de otros temas con gente que conozco no me considero un tipo excesivamente raro. A todo el mundo más o menos nos ocurre aproximadamente lo mismo.

Esto de los estudios con estadísticas me tiene frito. Tantas veces estudian cuestiones obvias con tan prolijas encuestas y estadísticas que no me extraña que los administrados y Montilla de rebote, nos escandalicemos de lo que se gastan las instituciones en estas cuestiones. Es que, si no es por un tejemaneje de amiguismo, cuesta creer que se hagan estudios que lleguen a conclusiones tales como que el optimista se lo monta mejor que el pesimista, que el listo tiene más posibilidades de triunfar que el tonto del bote, que los ricos viven más y mejor que los pobres, que si no llueve las cosechas empeoran, que la polución no les conviene nada a los seres vivos y muchos etcéteras mas de este estilo. Pero a pesar de estudiar cuestiones obvias, muchas veces no me fío ni un pelo de los resultados y conclusiones a las que luego llegan los adivinos.

Insistía el cura de negro y mala leche en salvarnos del infierno y en que el día de la primera comunión sería el más feliz de nuestra vida y estoy seguro que si unos días después del evento se me hubiera acercado un entrevistador, con solo proponérmelo, yo hubiera contestado sin pestañear lo que me incitaron con insistencia pensar que tenia que sentir. No hubiera tenido en cuenta los días en que anduve francamente preocupado en como se podía tragar la ostia sin masticar y otros malentendidos que no es ahora momento de relatar.

Andan o andamos, es que ya no lo sé, atareados en que seamos o en ser felices. Que lo pongan, para conocer el grado, en las encuestas que hacen para establecer el hit de nuestros preocupados intereses al lado del paro, el terrorismo, la globalización, la inmigración, la vivienda, la enseñanza o lo que sea. Yo es que creo que el resultado de estas cuestiones no les interesan lo mas mínimo, creo que el objetivo de estos estudios somos nosotros mismos. Se intenta delimitar cómo nos afecta la propaganda diversa y específica a la que nos somete constantemente esta sociedad de consumo, para calibrar con precisión el resultado concreto de las recetas establecidas para comernos el coco y poder continuar manteniéndonos indefinidamente en este aletargado estado de consumidores productores felices siguiendo este preciso orden.

No quieren, ni les preocupa que seamos felices, les basta con que pensemos que somos felices, que no es exactamente lo mismo y a fe que lo consiguen si hemos de hacer caso de los resultados de las encuestas que estos días andan predicando por los medios. Me parece que no me quedará otro remedio, si es que me preguntan por ello, que decirles que soy extremadamente feliz, no piensen luego mis amigos o mis enemigos que soy un imbécil marginal……

Yo creo que la gente no accede al tipo de felicidad que anhela, pero es sumamente eficiente en la deriva que le lleva la obligación de progresar y por ende de ser feliz sea cual sea la condición en la que se encuentre.

Autoflagelación terapéutica, eso es lo que es, tanta felicidad.