27 septiembre 2006

Un dia malo lo tiene cualquiera

Me digo, recuerdo……

y no recuerdo nada.

Mientras, miro a través de la ventana las hojas de los árboles que agitan mi atención meciéndose inquietas por un leve soplo de la tarde.

El tiempo….., en esta casa, siempre repitiendo los mismos esfuerzos, los mismos sollozos, los mismos silencios, atrapada por esta rutina que todo lo disipa y envuelve en olvido

Me embarga el sentimiento de animalito enjaulado, tal cual estos que pretendemos que nos veneran, que nos conocen y hasta que son felices en nuestra casa cuando sólo son tristes bichos enjaulados, con peor suerte que la mía.

Me digo: no recuerdo nada.

Y sé que es bueno, pues me libera de recuerdos y embustes. Y aunque siga pensando sin tregua siento la mente limpia y poderosa.

Muchas veces creo que me habitan otras gentes, que resuenan en mi otras voces, que hablan y hablan sin que yo las discierna. Sólo cuando distingo con claridad mi voz sé a que atenerme.

Y así fregando platos, correteando por casa y espiando cuando me viene en gana el sucio y enigmático tallercito de G, husmeando los libros, escritos, facturas, tebeos, ropa etc., tuve el sentimiento de que por mucho que busque nunca encontraré nada y también supe, espoleada por el silencio y el trabajo rutinario que, si algo se puede encontrar entre estos deshechos (resto de naufragios cotidianos) es la constatación de que el mundo es excesivamente complicado, incomprensible, que nunca entenderé nada.
No me gusta limpiar ni fregotear, ni sé si esto forma parte de mis obligaciones. Así es que, la casa retoza abandonada con pocos remordimientos. Tampoco me piden responsabilidades. Ene que es quizás la que tiene mas interés en manejar la casa no me molesta y sólo puntual y esporádicamente me comenta cuando los síntomas de dejadez son flagrantes que se debería limpiar esto o lo otro y en la mayoría de las ocasiones aburrida de mis demoras termina haciéndolo ella misma.

Soy un pajarito curioso y holgazán que piensa y mira y lee un poco (encuentro poco que lea con gusto).

Ya nadie piensa, ni lee, ni mira. Los humanos necesitamos toda nuestra atención para hacer bien una sola cosa (Quiero hablar un día de esta juguetona atención) y no estamos dispuestos a tan extraordinario sacrificio. Y como carecen de interés no entienden, ni ven, ni saben. Así pues se ven en la necesidad de simular que saben, ven, leen y viven cuando en realidad solo andan obcecados en su personal y competida lucha con el resto del mundo, y mientras nosotras ya sin disimulo vamos adquiriendo paulatinamente estos roles íntimamente masculinos

La soledad siempre me lleva por estos tristes derroteros. Cogeré a Cerillo por el pescuezo para hablar hoy mismo y si es menester al mismo Genio.

Me beberé una copa de vino… o dos….

1 comentario:

ecasual dijo...

Olvidar es un arte y una bendición.
Saludos