16 febrero 2017

16 de febrer


Tengo un taller vulgar por el parecido que imagino considera la memoria colectiva, debe ser un taller de artista: un espacio luminoso, sucio y desordenado, lleno de papeles, potes, pinceles, artilugios diversos y de montones de obra no vendida o sea inacabada. Solo aprecio las obras en las que estoy trabajando, no tengo el mas mínimo interés en la obra hecha o terminada, es más me cuesta un montón encontrar en ellas algún tipo de cualidad y es que esto es lo que tienen las relaciones basadas en el amor, una vez perdida la ilusión no puedes mirar lo que queda sin prejuicios. Sólo el olvido puede hacer renacer las emociones y sólo de alguna obra emblemática porqué, como en el amor, la mayoría de las obras abandonadas, vendidas o guardadas, son un fiasco, un desastre… esto…dicho sin finuras, una mierda, pero la vida, el azar, este hilo que nos conduce por el real presente, aturullados mas que nada por lo que acontece y que se repite insolente, con innumerables replicas, arrepentimientos, absoluciones, etc… nos permite miles de banalidades.