
Mi religión surge del insomnio y su cruz: la imposibilidad de dejar de carburar. Por comodidad busco resignado simplicidades que me alejen de las pesadillas.
Mi religión surge del insomnio y su cruz: la imposibilidad de dejar de carburar. Por comodidad busco resignado simplicidades que me alejen de las pesadillas.
La felicidad, el placer, el gusto de hacer o estar, el bienestar que procura el equilibrio, la serenidad relajada, cualquiera de estas agradables sensaciones puede aparecer como por ensalmo en situaciones de grave crisis. Parece un milagro, pero no. Lo perdí todo, y cuando digo todo pongo por ejemplo una fortuna que presuponía me había de librar de cualquier privación. Puedes perder la seguridad de un futuro previsible y curiosamente, a pesar del desastre y al transcurrir cierto tiempo, empezar a gozar con el presente de lo que antes pasaba desapercibido. Redescubrí la perfecta armonía de las cosas simples. Perdí lo que me ataba a la locura del progreso y me congracié con el pulso de vivir al día. Recuperé el tiempo atmosférico de la calle y el tiempo íntimo que regala una geografía abarcable. Es una muestra de que hay estados que se podrían considerar decepcionantes cuando se atina con lecturas clarificadoras. El trauma nos instala en otra realidad que al fin se muestra más complaciente que la presuntamente óptima en la que vivíamos. La realidad siempre es una ficción que condiciona las circunstancias.
El hombre se siente cómodo, le excitan los retos difíciles. Nos gusta luchar por imposibles, llegar a la luna, pero debemos ser más inteligentes. Hoy mismo, probablemente, ganaría la carrera en una supervivencia exigente mucho más quien nada tiene que el rico más rico. Los recursos naturales para enfrentarse a la escasez son infinitamente superiores en un mendigo. En un colapso del capitalismo, África volvería a ser un paraíso. El reto no está en ponerle más kilos, más kilómetros, más dinero, más altura, más velocidad, más lo que sea donde sea, sino en poner menos conservando lo que nos beneficia, guardando lo que da calidad a la vida. La exigencia más remarcable no está en dejar espectaculares huellas y montones de mierda, en esto superaremos sin problema cualquier record posible, sino en borrarlas cuidadosamente con la estrategia impune que persigue el homicida. La sociedad adquirirá su madura perfección cuando aproveche la tecnología avanzada para dejar los mares intactos, la atmósfera pura, los ríos limpios, los paisajes naturales, una población contenida o sea un mundo en esplendor y no este desecho miserable a que nos abocan los sistemas especulativos. El éxito imposible por el que luchar es conseguir dejar la tierra como si ningún ser humano la hubiera pisado. Este si es el gran reto.