19 enero 2008

De rebajas


Justo ayer estaba sentado en un banco al final del paseo de San Joan de Barcelona, cerca del Arco de Triunfo, recomponiéndome de la tensión que me ocasionó haber salido de compras con Ene.

Tiene Ene por costumbre, como es de recibo, reclamar mi atención para opinar sobre cualquier objeto que podamos adquirir y esto me resulta complejo y estresante o sea que, al cabo de unas interminables horas de compras, me derrumbo derrotado en un banco atacado por una crisis de angustia, mientras, ella, aprovecha para curiosear en una extraordinaria tienda de cómics que por allí se encuentra.

Después de unos días por la capital empiezo a añorar el doméstico caos pirenaico. Elegir me erosiona, lo siento. Por esto prefiero refugiarme en disputas conocidas, cauces dictados de antemano al que gustoso me someto y si no es posible, me decanto en cuando puedo hacia un caos que tampoco tuvo elección cuando, en su desvarío infinito, fecundó un orden.

¿Puede alguien elegir, si desde el mismo inicio, nadie preguntó al caos si gustaba o no del orden? Se hizo pues el orden con el suplemento de su imprescindible e inquebrantable deseo de pervivir, negociando incansable con el cáustico tiempo sin pedir permiso a nadie. ¿Quién decidió los pasos sucesivos que, elección a elección, forjó órdenes de complejidad similar al caos?

Tantas veces la inmediata e irrefrenable inclinación de ir hacia delante o hacia atrás, caer sentado, mirar a la derecha o a la izquierda, abrir o cerrar los ojos dejamos al capricho del azar, que me pregunto si alguna vez elegimos. No sea que sólo seamos notarios de la casualidad y nuestra función sea la de seguir, redactar y fijar en grafía instintiva los gestos azarosos que posibles persisten en cuando su repetición nos fíe las garantías necesarias para asumirlos, acreditando y sumando nueva fiabilidad en el frágil orden.

¿Puede ser que nuestro pretendido libre albedrío no sea más que una ficción parecida a este universo que rescatamos y elaboramos entre todos como una ilusión parecida a la realidad?

Dios podría estar sentado esperando a ver si en este juego gana el caos o el orden si es que por casualidad hubiera una meta fuera de los espasmos del tiempo, no lo sé, lo que sí pienso es que este universo que vemos y apreciamos como real desaparecerá con nosotros y con él todos los cielos e infiernos, ficticios o reales que andamos recreando cada día.

8 comentarios:

Índigo dijo...

Me habéis encantado los tres: el cuadro, el caos y tú.
Un beso

Churra dijo...

Yo creo que nada guia los pasos , que el caos se ordenó solo como no podia ser de otra manera .
Un beso

Umma1 dijo...

Lo nuestro es el caos, el órden una manía.

Cuando comenzaba a leerte, temblé... me dije: pero si este es mi marido... angustiado, espantado, sentado fuera del juego consumiendo dosis triples de oxígeno. Pero... qué hace en Barcelona? Lo habré alucinado anoche, durmiendo en mi cama?

Luego me tranquilicé, recordé que todos los hombres son iguales.

Decía la psicoanalista Françoice Dolto, que los chicos son los únicos que perciben la realidad del universo, por ello mantienen el desorden entre sus cosas.

A nosotros, en cambio,el dedorden, nos genera inseguridad. Y por eso vamos rotulando y acomodando como unos ridículos Sísifos.

Hermosa la ilustración. Es tuya?

fgiucich dijo...

Prefiero el caos que ir de compras con mi mujer. Abrazos.

M. Domínguez Senra dijo...

Cuando tengo el día melancólico me dan pena los muñecos del peluche de los aparadores y hasta las gabardinas que tienen la patina de un par de campañas de rebajas, ahí, colgadas entre las piezas de la talla 60. El montón de los saldos de patrones disparatados o color cachumbo me sume en la angustia pura.
Por algún defecto temperamental o de otro orden, prefiero ser elegida a elegir. A estas alturas de la vida ya sé qué dentrífico usar y que prefiero sobre todas las galletas a las galletas María Fontaneda. Por eso solo entro en los macrocentros comerciales para darme un capricho variando de cerveza.
Aunque no diga nada de los cuadros que cuelga en su blog, no dejo de contemplarlos y me gustan esos colores en los que imagino los mapas de los tesoros.

M. Domínguez Senra dijo...

Digo que prefiero entre las galletas las María Fontaneda y no lo que decían cuando me han interrumpido.

manolotel dijo...

Libre y albedrío no casan. Somos una suma de ataduras de tipo psicológico, inducidas desde la infancia, que con el tiempo asumimos como morales y que nos llevan por la senda del Orden por mucho que nos debatamos como el spin con el electrón.

Pero, por un momento, convengamos que si. ¿Donde nos lleva eso?
A esperar en la puerta de la tienda o del gran almacén. No sé si a mucho más.

Un placer como siempre leerte e incluso rebatirte, si fuera el caso.

Un abrazo.

Anónimo dijo...

Prefiero el caos a ir de compra con mi pareji, es pesadisimo y prefiero quedarme en la puerta esperando.

Saludos