
Cuando se trata de trabajar tengo un culo de mal asiento y en mi trabajo debería estar sentado todo el tiempo. Así es que vivo sometido a un resorte que me levanta y me lanza a visitar regularmente otros departamentos. Si se me concede alguna gracia de cualidad social o divertida se debe sin lugar a dudas a estas visitas imprevistas. Como la mayoría de las veces no dispongo de ninguna justificación para mis apariciones sorpresivas, me someto a ser amable y si me apuran hasta ocurrente y divertido.
Impulsado por el muelle de marras subí hoy a visitar a Fe bien pasado el mediodía. Debo aclarar que aunque el resorte me impulsa a rodar, mis destinos no son del todo azarosos pues me decanto indefenso hacia determinados despachos inducido por previsibles afecciones. El caso es que, entre otras divagaciones, le insistí a Fe para que visitara alguno de los blogs que me gustan en particular y ahí saltó la sorpresa en forma de respuesta inesperada: No tengo demasiado tiempo y cuando lo tengo me lo paso haciendo solitarios. Es que los solitarios me libran de pensar.
Desde siempre que recuerde he necesitado perder el tiempo disputando con el azar juegos reglados o inventados para la ocasión y es cierto que son ideales como terapia momentánea para no pensar en lo que te preocupa. Es del tipo de rutina que absorbe la atención con poco gasto.
Somos seres vivos y sociables. Precisamos para sentirnos bien de acción y compañía pero, paradojas de la vida, necesitamos también de la soledad y descansar. Vivimos inmersos en una lucha diaria con nuestros vecinos. Es la parte relevante de cualquier biografía pero lo cierto es que cuando estamos solos, sin estos tiempos muertos sin pensar, que parece que no sirven para nada, quizás enloqueceríamos.
Nadie piense que libra de tales momentos pues además de solitarios, los hay que hacen crucigramas, sudokus, sopas de letras, rompecabezas u otros pasatiempos. Dentro de este cesto pongo también el que constriñe barcos de velas en botellas, levanta catedrales con palillos, elabora sofisticadas maquetas de vete a saber que o el simple ganchillo, el macramé, bricolaje, salir a pescar con caña y todo el tiempo gastado en clasificar, admirar, valorar y guardar cualquier colección de lo que sea y tantas y tantas actividades solitarias que su gancho y pretensión es hacernos olvidar por un tiempo lo que nos toca vivir bueno o malo, lo mismo da, pues todo necesita de esta nada para respirar, para no pensar, para relajarse antes de volver a la actividad. Es la cuota imprescindible de tiempo de desecho.
Impulsado por el muelle de marras subí hoy a visitar a Fe bien pasado el mediodía. Debo aclarar que aunque el resorte me impulsa a rodar, mis destinos no son del todo azarosos pues me decanto indefenso hacia determinados despachos inducido por previsibles afecciones. El caso es que, entre otras divagaciones, le insistí a Fe para que visitara alguno de los blogs que me gustan en particular y ahí saltó la sorpresa en forma de respuesta inesperada: No tengo demasiado tiempo y cuando lo tengo me lo paso haciendo solitarios. Es que los solitarios me libran de pensar.
Desde siempre que recuerde he necesitado perder el tiempo disputando con el azar juegos reglados o inventados para la ocasión y es cierto que son ideales como terapia momentánea para no pensar en lo que te preocupa. Es del tipo de rutina que absorbe la atención con poco gasto.
Somos seres vivos y sociables. Precisamos para sentirnos bien de acción y compañía pero, paradojas de la vida, necesitamos también de la soledad y descansar. Vivimos inmersos en una lucha diaria con nuestros vecinos. Es la parte relevante de cualquier biografía pero lo cierto es que cuando estamos solos, sin estos tiempos muertos sin pensar, que parece que no sirven para nada, quizás enloqueceríamos.
Nadie piense que libra de tales momentos pues además de solitarios, los hay que hacen crucigramas, sudokus, sopas de letras, rompecabezas u otros pasatiempos. Dentro de este cesto pongo también el que constriñe barcos de velas en botellas, levanta catedrales con palillos, elabora sofisticadas maquetas de vete a saber que o el simple ganchillo, el macramé, bricolaje, salir a pescar con caña y todo el tiempo gastado en clasificar, admirar, valorar y guardar cualquier colección de lo que sea y tantas y tantas actividades solitarias que su gancho y pretensión es hacernos olvidar por un tiempo lo que nos toca vivir bueno o malo, lo mismo da, pues todo necesita de esta nada para respirar, para no pensar, para relajarse antes de volver a la actividad. Es la cuota imprescindible de tiempo de desecho.