
A mi me gusta la política cuando se entiende en su sentido ético como ejercicio del bien común, aunque a menudo presiento que en estas refriegas prima más una encarnizada lucha por el poder mientras se defiende bajo manga unos intereses muy particulares. Si el marco legal o su desarrollo se establece como botín de guerra tendremos entonces siempre una buena colección de perdedores. Esto es lo que de común ha sucedido y sucede, y que consideramos natural o corriente como forma de comportarse para el que consigue y ostenta el poder, caldo de cultivo ideal en el que se instala a la derecha clásica. Seria pues trabajo de la izquierda la lucha en conquistar terreno o marco legal para el bien general. Pero esto es una visión maniquea y estrecha de la realidad que ahora no parece convencer o convenir.
Nunca me ha abandonado la sensación de una visión de la política como el de guerra perdida pues los intereses humanos son demasiado complejos para que los que en cada etapa dominan cedan cuotas de poder importante al bien común. También sé que si no existiera la lucha constante por el bien común la sociedad dejaría en muy poco tiempo de ser habitable. Este es el orgullo y estandarte de los que defienden territorios habitables para los que poco poseen.
El caso es que a menudo me vence el ánimo de que en este juego las cartas siempre andan marcadas. Una parte se beneficia de suculentas ventajas normativas y además aprovecha para hacer trampas, y aunque, en pequeños y determinados periodos de tiempo las ventajas parecen diluirse, en general un bando siempre gana con holgura, y este acostumbra a ser el que estableció o domina el tramado de las reglas del juego a veces de forma harto subterránea. Si alguien rompe con las reglas y vence sea cual sea su causa, acaba a la larga imponiendo normas otra vez injustas aunque contraríen a los ideales que le impulsaron en la conquista del poder.
En cualquier caso lo cierto e indudables es que todos jugamos la misma partida en un único terreno de juego y por esto mismo seria muy beneficioso para el bien de la mayoría ser conscientes de ello para poder compensar condiciones injustas y para que esto sea posible se deben modificar o cambiar las reglas y para modificarlas o cambiarlas se debe de hacer política. Nuestro destino siempre está en juego.