25 agosto 2008

Casa


Me intriga Salvador, el niño que contemplaba asombrado la caótica actividad de las hormigas un instante antes de aplastarlas concienzudamente con una piedra. Así es la vida. Un día apareció a mi resguardo, no recuerdo cuanto tiempo hace, con alguna de sus múltiples teorías. Aparece y desaparece desde entonces como el pulso en las sienes cuando los pulmones no dan abasto con el oxigeno que filtran del aire, de sopetón. Este es el encanto que tiene lo de las emociones.

Leo hoy en una entrevista a Benicio del Toro, (vaya nombrecito), que se preparó con rigor el papel para encarnar al Che en la pantalla. El actor o el narrador parece que deban documentarse a fondo para ser fieles a los personajes que interpretan, ellos deben saber bien a que fidelidad se refieren. La mía con Salvador responde a imágenes fugaces y también a las cavilaciones que me obligan sus inapelables visitas. El manejo de documentos pienso, no descubre otra cosa que la química de nuestros propios sentimientos cuando mezclan interesados con historias ajenas.

Voy al trote a casa para comer. A mi lado anda Salvador con el trato árido que le obliga la penuria de tiempo. Voy andando galopando con un Salvador despistado que me deja sin comerlo ni beberlo sin casa, me induce pues a recapacitar mas tarde sobre esta necesidad imperiosa que a veces nos ocupa, de conquistar espacios íntimos, de uso estrictamente particular, lugares donde nos sintamos a salvo.

Recuerdo el día en que aterrado después de ver un documental sobre un pueblo inundado por un pantano, Salvador, me participó del vértigo asociado a aquella pérdida que sentía como irreparable. Anegadas sus casas, los recuerdos, las vivencias, dolía el silencio y la tristeza de unas desamparadas familias mirando compungidas el agua estancada. Una mar que seguro, sentían como cementerio marinero.

Podría pedirle el texto de lo que hace tiempo me dictó para documentar su teoría sobre la casa, aunque para qué lo quiero, si recuerdo lo que decía con la engañosa precisión que guarda la memoria. Andaba la cosa por una casa donde la cotidiana monotonía permitiera meditar sin sobresaltos, sin la atención distraída en los menesteres que nos acucian en la calle. Tenía la idea que a una casa se le ha de exigir aquel tipo de comodidad que el hábito vuelve invisible y su ficticia desaparición sirva para reflexionar sin apremios. La casa sería como el sueño que repara de la vigilia, un lugar para valorar las luchas que entablamos en la intemperie, libres de las cargas emocionales con que nos turba la acción. Era la casa que le cubría en aquel tiempo sus necesidades.

Ahora Salvador tiene muchas casas que contar y teorías que ya no le cumplen la función encomendada.

***

El niño seguía con absorta atención la guerra que desvelaba a ratos y a cachos el padre, como el tiempo aquel que contaba, levantaba sin desmayo ni futuro en cada trinchera, espacio de acogida, cubículo donde dormir y eludir sorpresas y asperezas climáticas. Alimentando esta fantasía la cama le servía como casa, y la sabana, cubriéndole la cabeza, era el techo de la barraca. Le guardaba aquel lecho protector, convertido en casa, de los monstruos que acechan sin desmayo y al amparo de la noche las mentes infantiles.

Puestos a buscar casa, me susurra, elijo con preferencia el terrado donde subía de niño huyendo del rigor de la disciplina familiar. Mi reino era un caos de tejados quejumbrosos poblados de avispas, el cielo y un laberinto de cegadoras sábanas blancas oreándose al sol y si no, bajaba brincando por la escalera, cinco pisos para abajo y salía con espíritu franco a la luminosa plaza de tierra que era toda mía, tan mía como nunca lo fue nada tanto en parte alguna.

Expulsado con suavidad y sin descuido de las casas familiares, y de la plácida niñez, la calle se vuelve habitáculo y las casas de los amigos, y la de los conocidos o la de cualquiera que te tolere y el mismo cielo, espacio íntimo. Casa es el mundo entero. Allá donde te hospedas está tu casa, aunque luego, sin apenas voluntad ni decisión, acabes abrazando el cálido gozo que sirve unos generosos brazos. Arrumacos que te arriman y anclan, perdida la noción del tiempo, del espacio y cegada la razón, en la imperceptible y lenta elaboración del núcleo germinal de otra familia, de otra casa.

Al paso del tiempo cuentan nos espera, que el mismo mundo que adecuamos con pasión a nuestra conveniencia nos reviente la morada. Nada entiendes, desaparece sin arte de magia el paisaje donde, a gusto o a disgusto, se orquestó la función que protagonizaste y te encuentras buscando casa en la inconmensurable geografía de la infancia, donde el sueño de futuro resulta siempre inagotable.

18 agosto 2008

El dinero da la felicidad


Me gusta hablar de absolutos porqué me digo, son parientes del caos. Lo pienso porqué aunque representan algo concreto como Dios o Verde en cuando intentamos aprenderlos se escurren caóticos. Lo malo de estas cosas cuando crecen sin contención es que no sirven absolutamente para nada, o sí, para tergiversar lo que llamaré cotidianeidad. Influyen con su absoluta desmesura a simplificarnos o a complicarnos la vida, según se mire.

Es curioso que un absoluto a pesar de ser incomprensible, se convierta en el centro de nuestra existencia, pero esporádicamente ocurre y arruina al instante nuestra lectura de la realidad en proporción directa a la importancia que adquiera. El absoluto puede resignarnos o enfurecernos de tal forma que nos absorba para su uso exclusivo, lo que se dice un negocio ruinoso para atinar con lo correcto en un mundo variopinto.

Juan José Millás, vio escrito en letras de molde “El dinero da la felicidad” y como la felicidad es de estos absolutos que todos deseamos morder se perdió en desentrañar lo que consideró la mejor frase publicitaria que nunca había leído. No sé si le leí mal pero acaba contando lo evidente, que es un articulista y que cobra por ello quedando todo lo demás en el terreno de lo especulativo. Seguro que leí mal, pero como todos yo voy a lo mío.

La fonética en catalán de “massa” (demasiado) y “maça” (mazo) es la misma. Esta similitud se aprovecha para construir un refrán que juega con este doble sentido: todos los mazos (demasiados) pican (duelen). Yo creo que los demasiados, que son nuestros penosos absolutos domésticos, por descontado que duelen y duelen en sentido figurado y en el real.

Si alguien está libre de pecado que tire la primera piedra. ¿No será otro incordio absoluto estas historias mías con tantos absolutos y tanto caos?

Todos los excesos acaban siendo perjudiciales y si no, pregúntenle a mi hígado. Y ya, en plan sermón de andar por casa paraboralearé que la vida es como un cocido en el que pueden entrar un buen fajo de ingredientes, pero la olla, como cualquier olla, tiene una capacidad determinada y abusar de un gusto le quita espacio a los demás y el guiso pierde una buena colección de matices. Apreciará el cocido en todo caso el que tenga aficiones parecidas. Seguro que estas recetas con ingredientes dominantes aburrirán con el tiempo a sus más fanáticos defensores.

Así como el verde es un absoluto humilde y relativo, el dinero es un absoluto total y poderoso. La historia la escriben los vencedores cuenta la misma historia: “Pagant sant Pere canta” Si el dinero manda la historia se escribe su gusto. Así pues debe quedar claro que el dinero da la felicidad y atendiendo a su legendario prestigio además lo da todo, exactamente todo y cuando digo todo, digo todo lo demás. No quiero abordar en este texto, ni puedo, el interminable detalle de este otro absoluto que es todo lo demás.

Si el dinero lo es todo, el guiso es un desastre en cuestión de matices. Miren, yo pienso que el dinero, al que le tengo cierta inquina porqué no me quiere nada de nada, puede ser en esta deriva en espiral que es la civilización, lo que en su tiempo significó la crueldad. Su exceso ejemplariza una de las múltiples caras del poder, la intimidación que pueden ejercer unos hombres sobre otros fuera de lo que sería pertinente y correcto: el poder de la seducción para conseguir el natural y complejo deseo de amar y ser amado, la posibilidad de ser comprendido y consolado.

Comodidades a parte, los excesos de dinero vienen a solventar el: si no me quieren al menos que me obedezcan o que me teman, no me digan que esto no tiene su pizca de crueldad.

15 agosto 2008

Biografía anodina





Un día Salvador se sintió empañado por una leve sensación de fracaso. Sin ninguna aplicación, había vivido lo suficiente para empezar a sentirse cercado por su desesperante abrazo. Eludió o postergó sistemáticamente a lo largo de su vida cualquier disciplina que implicara esfuerzo alguno sin dejar de creer por eso que atesoraba unas inmensas facultades artísticas. Era un artista sin deseo, necesidad, ni voluntad de hacer nada. Magnífico, así pues su energía quedaba exenta de cualquier otra obligación que no fuera seguir el impulso de vivir.

Vivir no te libera del hecho de elegir aunque solo sea el ir de acá para allá, hacer esto o aquello, conocer gente, saber ser agradable o desagradable pero intentaba que tales cuestiones no le procuraran la más mínima preocupación. Evitaba siempre que podía tomar decisiones arriesgadas. Su mundo ficticio se deslizaba sin ruido por la brillante superficie del constante movimiento.

No, no había fracasado, simplemente, nunca puso empeño en nada.

El día en que sintió la áspera opresión del fracaso, su angustiosa y fría caricia, empezó a escarbar furioso en busca de las claves que le ayudaran a reconstruir la implacable geografía que le abocó hacia tan monumental, catastrófico y constatable desastre. Aun está en ello.

06 agosto 2008

Una vida emocionante


El que culmina sus deseos tiene el camino allanado para adquirir la textura dura e impertinente del satisfecho.

La voluntad o la ambición mezclan decisivas en lo que se prevé que será un futuro prometedor y aunque luego el azar tuerza caminos no abandonará el que con estos hábitos vista, la capacidad de volcarse a cada revés en cualquier nuevo objetivo a su alcance. Su vida necesita de metas que cubrir y estas tienden a evitar, por una cuestión de eficacia, posibles distracciones. El hombre se vuelve ordenado y su ambición meticulosa le hace valorar las cosas en su justa medida y esto le hace distribuir los beneficios de su proyecto de vida de manera rigurosa, no sea que pierda en transacciones erróneas, nivel jerárquico o influencia. Decisiva como es la imagen y las formas en la sociedad que le cobija, descanso, gustos y afectos se valoran con objetividad. Bajo esta óptica las emociones deben guardarse bajo llave y sólo se sacaran de paseo en caso de tormenta o cuando la razón peligra. Este es el hombre hecho a sí mismo y con este andamiaje riguroso se acaba procesando fríamente el mundo de las emociones pasando a valorar el mundo desde la óptica de lo productivo y bajo estas condiciones piensa, desea y maniobra para que su descendencia observe los mismos criterios. Este hombre alcanza en occidente la categoría de mito ejemplar pues su competencia y capacidad de superar adversidades es el núcleo, el motor de una sociedad con idéntica dinámica productiva. Las metas acaban siendo pues contantes y sonantes, muestras de poder que resulten evidentes para cualquier observador carente de criterio. Al fin, empantanado en cualquier meta después de un arduo trabajo a veces acusa las pocas satisfacciones afectivas y recurre a darse por satisfecho con la vanidad de lo conseguido, demostrando con desplantes variados que con sólo objetivos materiales las vidas pueden resultar un fiasco. Aunque todos sabemos que la vida resulta un desastre por cualquier motivo su condición de ganadores hace que estos desequilibrios les afecten doblemente.

No quería hablar yo de este espécimen común que ha transformado el mundo en el basurero que ahora es. Sino de los que posibilitan otras dinámicas para encarar la vida, pues la primera y más importante revolución se debe ganar en las entrañas de cada individuo.

Los que andan sin metas definidas multiplican sus experiencias vitales incluyendo los deliciosos fracasos derivados de su inconcreta ambición. El que por una u otra causa no sucumbe a la tentación de seguir líneas de comportamiento marcadas de antemano mantiene cancha para que le zarandeen un buen paquete de emociones. Nadie guarda la llave de la felicidad que es lotería, pero la emoción tiene por dueño aquellos que no le pongan cotos que la limiten y déjense de historias, la emoción importa, da sentido y colorea una vida.

Si el arte es emoción y si todo junto es tan importante, aquel que convierte su vida en algo emocionante tiene encarnadura de artista, del mejor artista posible, aunque no pinte, esculpa, ni escriba nada. Porqué si de lo que se trata en la vida fuera sólo donde caerse uno muerto, cualquier rincón, me parece, sirve para esto.

27 julio 2008

Juegos espirales


Estoy en trance de aprender a no tomar en serio lo que digo incluso cuando me fluye un conveniente y enfático discurso. En cuanto me tomo un respiro pienso, ¿pero que digo? Así en el trance siguiente estoy en condiciones de dar la razón a quien me contradice, esto si, parando atención en descubrir los posibles engaños que esconden los conspicuos polemistas.

Sin sentido del humor se pierde un magnifico sentido. Lo más complicado, suspiro, aceptar y cultivar con resignación aires de tragicomedia en la aventura de lo que llamamos vivir.

Sin pensar caigo en juegos espirales. Revolotean libres en mi cerebro. Giros consentidos sobre mi mismo que sé que no alcanzan meta alguna. Ni recrear puedo con rigor lo que recientemente pasó. Sólo un leve mareo certifica que atiné otra vez, con el norte que había perdido girando.

Es aventurado salirse del surco convenido, linde que nos protege de deslices gratuitos. Pero un deseo imperativo obvia lo que fue ya conquistado, aquello que gráfico imagino queda estampado como los dibujos que roturan húmedos regueros en los márgenes de barro. El líquido elemento que los esculpió en mi particular cuenca es la misma dispersa, diluida atención que luego sin control, burla antiguos cauces, revienta con intermitente regularidad la seca tierra con los trazos imprecisos de nuevos y delgados reguerillos. La acuosa atención surca rebelde a la conquista de terrenos baldíos empujada por tormentas que rompen abruptas las tediosas calmas. Derrota al barro hurgando en las cuarteadas heridas de su frágil estructura arruinada por el incorregible paso del tiempo.

Pero también lo minuciosamente elaborado se revela, no de barro, sino de intangible materia inventada de lisa y tersa superficie. Dibujos y volúmenes de escueta geometría, paisajes ordenados con trazos simples, sin mácula ni sorpresas. Espacios elaborados para alcanzar una perfecta felicidad, sin fisuras, ideal. Perfilada exposición de sueños que no necesitan en principio de nada ni de nadie. Pulcro y limpio, casi reluciente, nuevo, así es lo que elabora el pensamiento óptimo antes de que sea expuesto a los inconvenientes que agitan, que se agolpan en las ventanas, en las terrazas, en los tejados que protegen la casa del acoso del arbitrario poder que reina en la intemperie. Torbellinos que azuzados por el azar se cruzan sin previo aviso en nuestro camino.

Impedimentos que no me dejan, agotadores, descansar en paz. Recogido en mí convenida y sosegada casa debo andar pues, cada día inventando relucientes y nuevas arquitecturas para sentirme mejor, más cómodo y bien protegido, siempre atento en determinar y domeñar lo que de inconveniente pueda hacer acto de presencia en el imprevisible futuro.

22 julio 2008

Un particular absoluto


Un hombre encandilado por la reluciente bóveda celeste se topó con las estrellas. Galileo las aproximó con un telescopio y unas cuantas generaciones después a base de inventar artilugios cada vez más potentes, se encontraron con una fuente de ilusión que parece, habrá de explicarlo todo: la infancia del cosmos.

Vivimos. Y enfrascados como estamos en irreflexivas cuestiones perentorias, pasa el tiempo. Un día, curiosos, queremos desentrañar, desenmascarar el fondo de tal actividad. Buscamos alguna razón que certifique la bondad o malicia de nuestros desvaríos. Como niños nos preguntamos el porqué de las cosas y hurgando introspectivos encontramos un camino que siempre conduce a un origen. La respuesta parece encontrarse en la infancia. Se convierten aquellos pocos e inconscientes años en inalcanzable tierra prometida.

El hombre vive, y cuando reflexiona, recula hacia geografías irremediables. Intenta encontrar en lo sufrido las claves de una realidad que no consigue apaciguar. Topa una y otra vez con absolutos con la constancia del espermatozoide impelido por la improbable esperanza de fertilizar, de dar con una razón convincente que ilumine su existencia. Con la locura de encontrar una fe que al fin, si simple sucumbes a su abrazo, te esterilizará.

Navegar no tiene otro sentido que navegar. Parece ser así, pero no conforma. Caer en la cuenta, una curiosidad, que el verde absoluto lo ocupa todo pero se desvanece por otra cosa que crece desmesurada a ocupar el vacío que no abandonó el color. Así lo absoluto lo abarca todo y debe de tener su física especial cuando su dominio es permeable a otros dominios de cualquier elemento o fracción u absolutos específicos con que topamos.

Gracia encuentro en que, tan gran singularidad anide en mí. Me llena de gozo y orgullo mi misma mismidad tan grande que cedo a menudo de buscar resquicios para entenderla. Ni parte pequeña discierno justificar a pesar de gastar en ello todo mi empeño.

Y tú misma, otro absoluto. Fíjate, sabes perfectamente quien eres conmigo, con la precisión que te da la singularidad con que manejas cada uno de los tratos que estableces. Pero quien eres conmigo nada tiene que ver con quien eres con los demás. En cada trato eres distinta. Fíjate que, en tu intimidad, cuando decides reposar y piensas en los demás y en ti, eres distinta en cada momento de cualquier otro tiempo que recuerdes, inabarcable en tu otredad.

Sabes con precisión como eres conmigo, sin parangón en como eres con cualquier otro que trato establezcas, aunque sea sólo de una mirada. Pero ahora, dentro de un rato, esta poquedad o cualquier otro elemento circunstancial modificará el como nos vemos y sentimos. Con esta complejidad pinta este absoluto inaprensible, aunque ¿para qué queremos aquietarle? Apaciguando anda la muerte.

10 julio 2008

La felicidad 3




A veces me parece que nada hay que no tenga hueso, espina o pincho. No es del todo cierto. Están las cosas buenas como el pan, sin desagradables sorpresas y luego todo lo demás.

El pan está bueno, y tierno huele que alimenta. Como tú misma, que hueles tan bien que no pareces esconder hueso, espina o pincho. Aunque huesos se te suponen, cautivo me tiene el lujo que les protege.

Nada es sin luz, digo a bote pronto, y me asaltan palpitantes sensaciones en tibia oscuridad y corrijo, la luz lo es todo. La mente se ilumina con lo que vi, quizás no alcancé mucho pero si suficiente. Tengo la luz y huelo a pan, la felicidad consiste en esto, aunque luego sueñe con roces que estremecen.

Se habla mucho ahora de ruidos y de inmediato los siento, tanto, que no me importaría prescindir de ellos. Son el hueso, espina o pincho que molesta. De pan será pues el son que halague la atención. Te oigo y de inmediato mis ojos te celebran.

Fíjate, todo está en ti. No puede haber gusto en renunciar a ello. El pan que tengo, me lo como y cruje como huesecillo al morderlo mientras me invade el aroma, el paladar, la textura del alimento. Satisfecho, siento el calor del sol y todo parece perfecto, pero sé pobre de mí, que con esto no es suficiente

05 julio 2008

Convicciones


Si el tiempo acompaña y nos cuidamos como es debido, holgaremos por este mundo hasta la sofisticación extrema, pero seguro que aún entonces, guardaremos prácticas de ameba, como ahora, que nos sentimos muy satisfechos con la simplicidad del todo o nada, una gloria de maniqueísmo.

Soy consciente que sin el reflejo casi involuntario de arramblar con todo lo que sea para elaborar opiniones convincentes, dejaríamos de ser quien somos. Cuando pillo el hilo de un discurso, busco mil argumentos que lo sustenten pero, no pasan ni cuatro días que ya dudo y disiento de lo redactado. Es lo que tiene el arrimarse con ardor a defender unas ideas que luego resultan por cuestiones de plástica contundencia, en general, demasiado simples. Yo, es que creo que las convicciones y su argumentación sólo sirven, en principio, para discutir, o sea, para reafirmar tu personalidad frente al otro.

Pero la reflexión o la necesidad nos vuelve civilizados y al fin, la parte energúmena, aquella que todo lo simplifica, consiente en el juego dialéctico. Se establece entonces la confrontación necesaria para llegar a acuerdos comunes. Es así como se elabora una conciencia colectiva que pueda resultar vinculante. Este toma y daca dialéctico adquiere pues una esencial importancia. Las condiciones varían constantemente y la capacidad de reorientar opiniones en interés mutuo se convierte en una cualidad remarcable.

Tanto nosotros y como la sociedad necesitamos de convicciones firmes, aunque no se debe perder de vista que la convicción más útil es que las convicciones no son más que una herramienta y que se debe prescindir de ellas desde el mismo momento en que puedan substituirse por otra mejor, o mejor aún y rizando el rizo, la convicción más sólida debe ser la que nos guarda de convicciones demasiado sólidas y reconozco que esta última condición es exigente.

Así me parece terapéutico, primero, considerar especulativas nuestras razones y a partir de aquí, ser capaz de valorar otros puntos de vista con la humildad que da saber que tus opiniones son parciales y por lo tanto anecdóticas. Es la historia de siempre y que tanto dolor produce y producirá a la humanidad entera: las opiniones firmes y las sólidas convicciones, son útiles, diría que hasta necesarias, pero también extremadamente peligrosas y más hemos de temer de su bondad en cuando las establezcamos para garantizar nuestra seguridad o parcial beneficio. Ya se sabe que en estos casos se nos da muy bien el comulgar sin inmutarnos con ruedas de molinos.

No tenemos otro remedio que amarrarnos a nuestra particularidad, pues a ella y a su supervivencia nos debemos. Esta personalidad es la que busca consolidación a base de convicciones que eviten naufragios, pero no debemos olvidar que estas, deben ser lo suficientemente maleables para apreciar la verdad de los demás y los errores propios. La competencia de nuestros planteamientos sólo se certificarán si se contrastan opiniones diversas y esto es lo que nos debe estimular a conocer en variedad y profundidad, maneras de pensar distintas para poder defender con rigor las nuestras y no solo, buscar la satisfacción coincidente de quien nos de la razón. En esto se funda el progreso y este no para quieto para quedarse atrincherado en convicciones sedimentadas.

Lo mejor es que la casa se construya sin prisas y sin pausas, que resulte cómoda y habitable, que no se anquilose y esto nos condiciona a no supeditarla a rancios gustos de épocas pasadas, aunque ya se sabe que para gozar de una buena biblioteca uno no tiene porqué atender a la fecha de la primera edición de sus libros.

28 junio 2008

Tonterías


A menudo lo paso bien con tonterías y esta cualidad me vino de pintar. Supongo que a quien es curioso le sucede lo mismo con cualquier otra afición.

Invocar a la inspiración no es tarea fácil. Exige una profunda concentración (Un estado peligroso donde puedes pegarte un trago de aguarrás o fumarte un lápiz) y debes intentar olvidar todo lo que hasta este mismo momento habías aprendido. Esta es la mezcla buena. Tienen su complicación las dos condiciones y rendirán mas a medida que se acerquen a un punto de la perfección, o sea de la locura.

Y la tercera, no sé ahora, aunque siempre dicen que no hay dos sin tres.

Uno aprende ritos. Una ricura de ritos propios. Los ritos son ceremonia sedante. Los ritos los necesitamos todos, impuestos o de creación propia. Hay que tener cuidado en que no se transformen en desconsiderados tics.

La cuestión es que después de mil batallas en busca de la fecunda inspiración para sacar a este genio que todos creemos que tenemos dentro, das mas vueltas que una peonza.

Si das muchas vueltas acabas en todas partes y aparte de enterarte de cómo cuecen habas te aburres como una ostra.

Harto de tanta vuelta, desaprendiste tanto que no sabes ni mirar. Es la situación ideal. En este estado el cuerpo te pide a gritos ritos y sorprendido por una galopante saturación te gusta aquella tontería mínima que utilizas de cebo, una línea, un punto, un papel arrugado, una mierda en un palo. Estás inspirado.

26 junio 2008

Lo que me peta



Cuando me peta, o sea de Pascuas a Ramos, me jode bastante el manifiesto fracaso de no saber manejarme como adulto, y no por la incapacidad recurrente a lo largo de toda la vida en resolver problemas materiales, que por cierto me preocupan relativamente poco, sino por este no parar de anotar y borrar lo que se supone tendría que tener ya sumamente elaborado. Me siento como mi perro que parece preocupado cuando no consigue entender que es lo que le digo.

Si no cayera tan a menudo en un dale que te pego en intentar descifrar ingenuamente el mundo, si viviera regalado en una sólida y convincente formación, seguro que no me atormentaría con vagas disquisiciones y podría tener un fantástico blog de opinión de lo que se tercie, que es a lo que uno aspira, pues para nada deben importarle a nadie unas pesquisas personales elaboradas al buen tuntún, más bien nos vence la curiosidad por lo ocurrente que brota, esto si, a cuentagotas en este virtual mundo.

Aunque bien mirado no se le pueden pedir peras al olmo, una cosa es lo que se quiere ser y otra lo que se es y de momento no me queda otro remedio que ser lo que soy, hasta que el incontrolable ego que me maneja o el azar decida cualquier otra cosa y cuando lo decida haré como que fui yo quien decidió.

Los blogs personales podrían ser como el del señor Mantel de una corrosiva y cómica intimidad, pero no es cosa corriente, lo habitual es que el tono sea de medida seriedad, mientras me digo si no habrá en esta deriva, alguna perversión escondida, pues si en mi pueblo voy y cuento lo que aquí diserto, seguro que me quedo sin conocidos en poco tiempo.

La oferta de especulaciones personales no atrae otra atención que no sea lotería del azar o la conseguida a base de navegar en busca de consoladora simpatía. Replicamos esquemas habituales y me da que estamos abandonando un tipo de mundo por otro muy parecido. A cada vuelta en espiral de esta huída hacia el futuro, ganamos y perdemos algo, pero quedamos circunscritos a esteriotipos. Se nos multiplican las vidas que atender y sin remisión agotamos nuestro tiempo sin poder certificar si con los cambios andamos ganando o perdiendo, como en la vida misma, donde el progreso que logramos, no sabemos si alcanza a compensar lo que vamos perdiendo. Pero así como a mi vecino veo cada día sin remedio, y quien a mi casa viene o cuando a su casa voy es suficiente con andar en la dirección correcta, aquí, el afortunado azar aún funciona, aunque estoy seguro que terminaremos por acotarlo de tal forma que en nada diferirá de las habituales fórmulas concertadas en el mundo físico.

Hoy sollozo por no saber que es lo que tengo que hacer con todo, o con nada, que es mucho no saber y por quedarme además sin tiempo con tanto que atender, sin entender muy bien porqué estoy haciendo lo que hago.

En fin, como algo debo hacer y ahora me apetece esta TONTERIA, voy a pescar un rato en el río del azaroso GOOGLE. Por supuesto quedan disculpados de leer esta sarta de gusanos los amigos y si me apuran hasta las victimas que queden de ellos prendidas y puesto que a partir de ahora no se debe leer les deseo un feliz y descansado día.

Aquellos días maravillosos de nuestra infancia llenos de ripios, conjuntos de frases hechas, frases contradictorias amparadas en paisajes singulares bajo la democracia orgánica de los palacios suizos. Platos rebuscados, sueños escabrosos de una noche de verano, babas abundantes derramadas en sórdidas historias de cama. Delirios de grandeza, como combatir el insomnio, curar depresiones, como hacerse rico en cuatro días, escogiendo el color de cada número, tripas y corazón, cariño del amor hermoso, el sentimiento de la copla, una selección de martirios escogidos, teléfonos descompuestos, descomposición y dolor de tripas, dolor de muelas redactando cartas de amores contrariados. La imaginación volando aunque en estado catatónico. Adonde iremos a parar con esta constitución alambicada de la realidad misteriosa. Esto, misterios alucinantes, situaciones tétricas como fotos de cadáveres, accidentes de aviación, definiciones exactas de situaciones estrambóticas, vaca socrática, el punto aquel que gustas de robar ideas brillantes, los secretos del bricolaje profesional, todos los secretos juntos del mundo, secretos misteriosos que de tan secretos, no existen, como cuando quieres conquistar el mundo sin saber lo que tienes en la cabeza, ideas preconcebidas que florecen como gardenias, cosas divertidas que no hacen ninguna gracia, una buena manera de relajarse es hacer lo que te viene en gana cuando no cuesta ni un duro, refranes, frases hechas, andar persiguiendo fantasmas. Hacerse el duro en películas del oeste o en películas de miedo o en películas de ciencia-ficción. Melodramas famosos, historias para no dormir, cuentos chinos, cuentos de Calleja, tener cuento, contar cuentos, contar y no acabar. Estar constantemente deprimido, en el punto justo de saturación para ver que es lo que tiene éxito, donde iremos a parar, en situación de pegarse una leche. Buscar rimas poderosas de poetas malditos, escatologías abundantes, escándalos a mogollón, prensa rosa, azules cobaltos, verdes praderas, mujeres pelirrojas de bandera, blanco y negro, todos los colores del arco iris, pasar página, deseos de terminar, historias de aparecidos, historias urbanas, tantas cosas innumerables que obnubila el entendimiento, buscando de leer entre líneas frases hechas. Hablar por hablar sobre todos los tópicos conocidos. Sensación de fracaso inminente por quedar seco, alcohólico anónimo es amigo de borracho conocido, cogorzas, pedos, andar en la luna, luna de valencia, la lluna en un cove, pelos en la lengua, caer en desgracia, Fidel Castro no pesca, buscar el camino correcto, pardiez, trabalenguas en castellano o en suevo, o en guaraní. Hablar en cristiano, el velo árabe, la Conchinchina. Naranjas de la china Se le pasaron las pasas. Sistema métrico decimal. Pesas y medidas en platino iridiado. Estar de fiesta todo el día, como trasnochar viviendo en el extranjero, donde comer la mejor hamburguesa, deliciosas patatas fritas, hojaldres, zumos de frutas exóticas, extravagancias delirantes, desnudos integrales de frente, de perfil, a cluecas, desnudos de mujeres cochambrosas, títeres sin cabeza, resúmenes de pruebas de selectividad, asaltos a mano armada. Trabajar sin descanso en noches de vinos y rosas. Mandar correos a miles, clubs de fans y otras malas hierbas, bocados exquisitos, siempre se habla de comida comiendo, lo que hay para comer o la desnutrición enfermiza, los alimentos básicos de la humanidad entera, porciones, trozos, minorías étnicas, cuestiones estéticas, filosofía de la vida, filosofía barata, monstruosidades filosóficas. Caminos y veredas, altonazos, luces y sombras de la sierra madrileña, ajuares de boda, castillos imperiales, los gozos y las sombras, sueños imperiales en la España Napoleónica. Comprar en el mercado frutas y verduras con una receta de perfectos calamares a la romana, ensaladilla rusa, jugar a la ruleta rusa, jugar a la comba, juegos de niños, juegos de mayores, juegos de viejos, todos lo juegos reunidos. Como no aburrirse, buscar palabras raras, palabras ininteligibles, cacofonías, ditirambos. Resolución de problemas matemáticos. Guiones de películas, trabajar a destajo, pagar a toca teja, dibujos animados, fumar o blasfemar como un carretero, lo que tiene enjundia, ¿Qué se le puede ocurrir a la gente? Salto del tigre, un tigre, dos tigres tres tigres o trigues, trigales mesetarios, diferentes tipos de siestas, cestas de mimbre con adornos de organza. Aquello que tiene que pasar, que es preciso que pase, que se lleve todo por delante. Los cien mil hijos de San Luis. Donde manda patrón no manda marinero. Cuando no quieren obedecer a Rey muerto Rey puesto. Como guisar las castañas, comer higos, las mil caídas. La sombra de un ciprés, caer en fuera de juego, buscar lo que no tienes, caer en gracia o ser gracioso. Como hacer nudos marineros, cascar, todos los verbos irregulares. El tiempo que hace, el tiempo y el espacio, temporales famosos, destrucciones masivas, amores lejanos, perderse en la selva, ahogarse en un vaso de agua, beberse el mar, caer del cielo, subir a las estrellas, cálculo matemático, calcular de memoria, trabajar a destajo. Aquí se vende todo, todo lo regalo. No me vengas con cuentos. Tal faràs tal trovaràs. Compartir habitación, que hacer con los sin techo, compartir excreciones, salivas, humores. ¿Quién da mas? Nadie da menos que yo. Todo sobre el Capitán Trueno, la sombra que camina, la ley de la selva. Conversaciones en la catedral, pasmados, pasmosos, culebras de secano. La aridez del fin del mundo. Secretos de confesionario, sueños de grandeza, historias para dormir a pierna suelta, prótesis de primera, alargamientos de verga, enfermedades venéreas, venerables ancianos, pajas mentales. Empezar y no parar, como no cansarse de montar en burro, maneras de montar a caballo, montárselo de coña, coñac barato, asociaciones de ideas, asociaciones de locos de atar, paseos en bote, playas paradisíacas en Menorca. Un vaso de vino en la tierra roturada por un arado. Un sol como un gorrión, formas poéticas guardadas en formol, dibujos de muertos. Excursiones por la montaña, mochilas de escalada, cantimploras de mercedarios, beber vino en bota, diferencias entre bota y boto. La manera ideal de exprimir cítricos. Viajes baratos, viajes muy baratos, viajes regalados, noches de hotel, vivir de gorra. Ángeles y demonios, haz el amor y no la guerra, guerreras militares, museos oceanográficos, saber encontrar fósiles en las cordillera Cantábrica. Mi mama me mima, caligrafías orientales, envoltorios de regalo, anillos de prometida, colchones, tálamos nupciales, ¿de que estoy hablando? Trabajar día y noche en los pozos de petróleo, tener suerte a espuertas, buscar la suerte, caer en suerte, caer en desgracia, toda la suerte del mundo, aquí te pillo aquí te mato, no tener donde caerse muerto. Frases lapidarias. Frases célebres, vendo mis calzones por unos canelones a la Rosinni. Al agua patos con todo lo que se puede hacer este verano. Destilar licor con alambiques. Me cansé, punto y final, punto y seguido, punto de cruz, lo mas aburrido del mundo.

Los resultados, a saber.

22 junio 2008

Felicidad 2


Atrapados por la placidez que da la felicidad revolvemos cielo y tierra sin descanso, exprimimos los recursos de que disponemos con el implícito deseo de dar con las condiciones ideales para conseguirla, sin saber a ciencia cierta como se conquista ni que es lo que hemos de hacer para merecerla. Los momentos en que nos embarga la felicidad son suficientes para sucumbir golosos a su experiencia y, como cualquier adicto, desde entonces elaboramos con desigual fortuna, intricados sortilegios y delirantes estrategias para conseguirla.

¿Porque ando ahora enfrascado en batallas que considero perdidas?

Tropecé esta mañana con una cita del muy ilustre Don Miguel de Cervantes: “La peor locura es ver la vida tal como es y no como debería ser” Un romántico me dije. Aunque, buena felicidad da –consideré- aquel equilibrio que se consigue cuando crees que has desvelado, cuando pretendes haber encontrado las claves que descifran la realidad. Dura poco, pero también sé desde hace algún tiempo que lo efímero es consustancial de la vida.

El “estoy muy bien” debería ser suficiente, pero nunca lo es, y siempre condicionados en buscar este algo más, conseguimos que la intricada vida con impunidad nos zarandee. No atinamos luego, cuando podremos gozar de nuevo de los beneficiosos efectos que atribuimos a la felicidad. Por mucho que lo intentemos, a esta señora, siempre le da por aparecer sin previo aviso, por sorpresa y en cualquier momento.

Días tuve que consideré que la revelación, que el puro trance de saber daba la felicidad. Disponía pues de una teoría del conocimiento que respondía, no sé si a mis dudas o a mis inclementes deseos. Contestaba al caos que se cernía sobre mí con concluyentes razones que lo disipaban.

Elaboramos o encontramos en nuestro periplo vital, teorías, razones, fórmulas, citas, situaciones, que parecen ser la ajustada y definitiva respuesta o el principio fundamental donde solventar todas nuestras contradicciones. Son aquellos momentos en que nos negamos aceptar la fragilidad de las empresas que emprendemos, hasta el punto de llegar creer en fantasías como que, cosa tan efervescente y desequilibrante como suele ser el amor bastará para llenar de sentido nuestra vida. La maldita realidad nos aplasta luego con su devastadora crueldad, pero sin esta fe no conseguiríamos ganar el equilibrio ni el sosiego con que nos deleita la sutil armonía de los momentos felices.

Así es que hoy doy la razón al clarividente Cervantes y me apunto muy circunspecto a eludir, esforzando para distraer la objetividad, aquello que ocurre sin gusto ni remedio, y me abrazo con ilusión a la maravilla de lo que pienso que debería ser y será si me lo propongo con obstinación. Al fin, lo más relevante de la vida es la ilusión con que emprendemos la lucha para conseguir lo que con persistencia deseamos, aunque a veces resulte poco menos que imposible. Siempre con cuidado de que los deseos propuestos no deriven luego en situaciones de catástrofe.

15 junio 2008

Contrastes


A las ocho de la mañana, cuando andaba pensando vete a saber en que absorbentes abstracciones, se me definió un campo de trigo con una amapola en medio. Sin querer el ojo queda seducido por la roja amapola mientras desaparece el verde trigo. La nimia amapola atrae la atención de manera inusitada en contraste con la inoperante presencia absoluta del trigo.

¿Existirá? Pensaba a las ocho de la mañana, ¿una ley física universal que impulse a fijar, que resalte todo aquello que contrasta?

Anda el caos ocupado en liarlo siempre todo con su delirio absoluto y a su titánico trabajo de tenerlo todo desordenado le surge un bucle, algo se ha repetido. El intruso orden brilla elegido dentro de la magnitud absoluta del caos. Es la amapola en el campo de trigo. El caos parece desaparecer en comparación con el decidido relieve que adquiere el proyecto de orden.

De una multitud gris que me rodea cada día emergió ella y el inaudito relieve que por contraste adquirió su persona impulso mi interés. Desapareció el resto del mundo y su imagen adquirió un protagonismo único que se concretó en deseo amoroso.

No nos es dado poder abrazar absolutos. No puedes enamorarte del universo entero y mucho menos entenderlo, así pues la ilusión que se establece con lo que distingues y atiendes es la llama que enciende el motor que impulsa al mundo. Este mundo que con tu atención recreas no es el mundo, pero déjate de puñetas es lo único que adquiere el necesario relieve para ser, para existir. Es nuestro único mundo.

Un punto de orden en el desorden o un pequeño desbarajuste en el orden es como encender una luz en la oscuridad. Solo entonces todo se vuelve, por arte de magia, posible.

08 junio 2008

Dando sepultura

Después de sorprenderme el día de San Jordi mirando una flor con idéntico interés con él que un ginecólogo corriente el sexo femenino, me puse como penitencia recordar las rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer. Esto no es un cuento chino.

Miro la rosa con ojo clínico, observo las nubes del cielo como si fuera una Mónica López cualquiera y atiendo con socarronería a los profetas de nuestro tiempo que anuncian entierros de lo que nunca acaba de morir.

Percibo, eso sí, que tan lento como mi resistencia a abandonar la adolescencia, grandes ideas, imperios, horizontes seguros y pensadores inconmensurables derivan barridos por inusitadas casualidades o exigencias que dicta lo vigente.

Pierde actualidad, prescribe sin remedio lo que parecía imperecedero.

¿Donde se perdió el romanticismo? ¿Donde quedó la voz que descubrió un emocionante mundo nuevo sin apenas movernos de sitio? Nada desaparece del todo, lo sé, y lo romántico bien anda por ahí culebreando, pero su inyección de ardientes pasiones empieza a escasear en el mercado actual. Las contadas dosis de este veneno se racionan con cuentagotas, Ninguna fantasía debe turbar la eficacia científica del hombre nuevo.

Las pasiones se encasquillaron en la pura miseria de la necesidad y se dirimen en la tele buscando o la lágrima fácil o saciar la perniciosa sed de los que parecen gozar con el sufrimiento ajeno. Mientras, en el día a día, andamos la gente en el agobiante trabajo de mantenernos a flote, tantas veces acorralados en defensa de la pura y simple piel, que un sentimiento de soledad inmensa nos empuja a abrazar recetas que, preparadas con ahínco, nos dirigen hacia productivas y perniciosas simpatías corporativas que nos aíslan más todavía. Parece como si algún mandamás hubiera decidido, con el descrédito de las pasiones, dejar al hombre con el único desnudo objetivo de competir cada uno contra todos sólo para dilucidar, como los micos, quien es el guapo que se convierte en el número uno.

Lo concreto, depurado cuidadosamente con la ayuda de las manoseadas estadísticas, dirige nuestro destino; y esta guerra, interesada como todas, se dirime de manera exclusiva en el terreno de la economía. Lo otro entorpece, aparece siempre como superfluo, como algo añadido, siempre subsanable y supeditado sin discusión al rey de la casa, el dinero. Es probable que todo sea cierto, pero tiene gracia y alguien se debe reír a pierna suelta de que todo el mundo ande o perdido en la miseria o con ansias de capitalismo.

No me digan que no es un contrasentido que sea la competición de ver quien acapara más y mejor, el motor, el sueño, el ideal de un colectivo. Aún más contrasentido me parece, que la capacidad de explotar al personal supere en ilimitado prestigio a la solidaridad. Discúlpenme, pero esto, me parece, no tiene nada de razonable, nada que ver con una sociedad equilibrada, armónica, juiciosa, digna o cualquier otro adjetivo que invito ustedes añadan a su gusto, todos caben en esta paradoja.

03 junio 2008

El valor de lo velado



Discutía, como en mis mejores tiempos de discotequero, con un intrigante personaje, vigilante inquisidor que no me dejaba colar en la catedral una vez concluida la ceremonia funeraria, para poder dar mi sentido pésame a quien fuera. Sonó el despertador y rezongué interminable con la dificultad que une al universo entero en encontrar el instante justo de levantarse.

Me siento en el borde de la cama de un bote y luego sé que toca asomar por la ventana, laborar con domésticas cuestiones de nutrición e higiene, salir al fresco de la mañana y encontrar el mismo distinto paisaje de siempre. Pensar.

La realidad es lo que con precisión sucede, una quimera.

Ayer subí cuatro o cinco peldaños de la escalera de caracol que da a mi taller justo para poder mirar, a ras de suelo, lo que anteayer dibujé. No me gustó. No me gusta casi nunca lo que abandono el día anterior con ilusión y es que en el fragor de la batalla de pintar me ocurre lo del beodo, la realidad adquiere por momentos tintes exultantes que en sereno, se moderan humildes en extremo.

Reconduzco la confusa realidad de mis pensamientos a una cebolla tan real que casi me la pongo a pintar, tan perfecto es el tinte dorado de su piel.

Ayer, espiaba a ras de suelo mi dibujo percatándome de que lo que pinté en la última media hora era un desastre. Me ocurre a menudo, deja de fluir lo que con precisa y elaborada dificultad invoco y de pronto, me da por concretar lo que permanecía insinuado y emerge sin o con dificultad una realidad plana desprovista de todo interés.

En la última capa de la cebolla encuentro el germen de un tierno y utópico proyecto de hortaliza. Capa a capa buscas el corazón, la realidad exacta de la cebolla y lo único que encuentras es, cada vez, una cebolla más pequeña.

Al desvestir en exceso la realidad topas con un proyecto de hombre que es idéntico o tan parecido al que vive su confuso presente que vuelvo de golpe a mi mismo, respiro y me recreo, antes de empezar este redactado, a darle cancha y valor a la veladura, al engaño, a lo que adquiere y conforma un cuerpo real en la irrealidad misma de ser.

29 mayo 2008

La felicidad ja ja ja ja....


Desde luego que el día de mi primera comunión no fue el más feliz de mi vida, ni el día de la jura de bandera, ni el día de mi boda, ni tantos días en que pretendidamente tenia la obligación o la meta de ser feliz. Y me lo pase tan bien sin ninguna obligación tantas veces, que decidí que no me va lo que se da por hecho. No conozco los entresijos de la estadística, pero por lo que he deducido de este y de otros temas con gente que conozco no me considero un tipo excesivamente raro. A todo el mundo más o menos nos ocurre aproximadamente lo mismo.

Esto de los estudios con estadísticas me tiene frito. Tantas veces estudian cuestiones obvias con tan prolijas encuestas y estadísticas que no me extraña que los administrados y Montilla de rebote, nos escandalicemos de lo que se gastan las instituciones en estas cuestiones. Es que, si no es por un tejemaneje de amiguismo, cuesta creer que se hagan estudios que lleguen a conclusiones tales como que el optimista se lo monta mejor que el pesimista, que el listo tiene más posibilidades de triunfar que el tonto del bote, que los ricos viven más y mejor que los pobres, que si no llueve las cosechas empeoran, que la polución no les conviene nada a los seres vivos y muchos etcéteras mas de este estilo. Pero a pesar de estudiar cuestiones obvias, muchas veces no me fío ni un pelo de los resultados y conclusiones a las que luego llegan los adivinos.

Insistía el cura de negro y mala leche en salvarnos del infierno y en que el día de la primera comunión sería el más feliz de nuestra vida y estoy seguro que si unos días después del evento se me hubiera acercado un entrevistador, con solo proponérmelo, yo hubiera contestado sin pestañear lo que me incitaron con insistencia pensar que tenia que sentir. No hubiera tenido en cuenta los días en que anduve francamente preocupado en como se podía tragar la ostia sin masticar y otros malentendidos que no es ahora momento de relatar.

Andan o andamos, es que ya no lo sé, atareados en que seamos o en ser felices. Que lo pongan, para conocer el grado, en las encuestas que hacen para establecer el hit de nuestros preocupados intereses al lado del paro, el terrorismo, la globalización, la inmigración, la vivienda, la enseñanza o lo que sea. Yo es que creo que el resultado de estas cuestiones no les interesan lo mas mínimo, creo que el objetivo de estos estudios somos nosotros mismos. Se intenta delimitar cómo nos afecta la propaganda diversa y específica a la que nos somete constantemente esta sociedad de consumo, para calibrar con precisión el resultado concreto de las recetas establecidas para comernos el coco y poder continuar manteniéndonos indefinidamente en este aletargado estado de consumidores productores felices siguiendo este preciso orden.

No quieren, ni les preocupa que seamos felices, les basta con que pensemos que somos felices, que no es exactamente lo mismo y a fe que lo consiguen si hemos de hacer caso de los resultados de las encuestas que estos días andan predicando por los medios. Me parece que no me quedará otro remedio, si es que me preguntan por ello, que decirles que soy extremadamente feliz, no piensen luego mis amigos o mis enemigos que soy un imbécil marginal……

Yo creo que la gente no accede al tipo de felicidad que anhela, pero es sumamente eficiente en la deriva que le lleva la obligación de progresar y por ende de ser feliz sea cual sea la condición en la que se encuentre.

Autoflagelación terapéutica, eso es lo que es, tanta felicidad.

24 mayo 2008

Bulas y equilibrios


Hablo de potes, de compartimientos, de casas, de laberintos subterráneos, sin percatarme que buceo en la esquizofrénica relación entre el libro de estilo con el que intentamos guardar el imprescindible equilibrio interior y la vida cotidiana, el día a día, la confrontación de nuestros principios con la vida doméstica. Hablo de la verdad y de su compañera de viaje, la realidad que, aunque manipulables como la arcilla, se convierten en sólidas, valga la redundancia, realidades o verdades cuando aparecen en el duro laborar de cada día. Nadie puede huir sin serio descalabro de los asuntos cotidianos que con pinta de intrascendentes son la esencia de vida.

Los Papas idearon unas bulas con la que los adinerados se saltaban a la torera aquellos pueriles sacrificios domésticos con que cargaron la Cuaresma. Los otros, los indigentes, ya ayunan todo el año y no comen carne nunca. Esto sí que es economía de mercado, se saca dinero de donde lo hay y se premia la continencia obligatoria de los desarrapados con cielos que no cuestan un duro y así todos contentos, la madre iglesia más.

Nosotros, que también nos creemos elegidos, en transida y constante especulación con la escurridiza armonía, autorizamos bulas sin cuento a los desajustes que a diario sufrimos. Y todavía mas, nos premiamos, de vez en cuando, con excepcionales licencias con las que nos saltamos las normas que previamente aceptamos y nos convertimos por un tiempo circunstancial y variable en un burro obcecado que sin traba alguna se deja llevar por los instintos más primarios. Contentos deberíamos estar si compungidos, nos abrazamos luego al manual que desautorizamos con nuestros actos. Que conste que soy de los que piensa que hay momentos en los que no se puede y quizás no se deba luchar contra aquel destino que nos incita el instinto, o los sentidos o lo que sea y que nos dicta contradictorios actos, contrariedades que empañan a menudo la sinceridad de nuestras buenas intenciones, si luego, como redención, somos capaces de encontrar en los desenfrenos ocasionales, el hilo para retomar luego con renovada voluntad el camino de lo honorable y lo positivo.

Educar instintos no es tarea fácil y ya se sabe que lo que cuesta magnifica luego su valor. Los instintos para que se afiancen en la magnanimidad necesitan de un abundante tiempo del que los egoísmos prescinden sin problema y que conste que pienso también que la generosidad es egoísta si contamos con la satisfacción que rentan actos sin evidente beneficio.

Vivir y penar, soñar y despertar, caer y levantarse, andar y desandar, flirtear con la maldad, con la bondad, con la mente, odiar, amar, todo adquiere realce cuando nuestros actos se contrastan con aquel ideal al que honestamente nos sometemos y se pierden sin ningún remedio en un magma sin sentido, en una alucinación sin retorno cuando despreciamos o no disponemos de referencias a las que amarrarnos después de nuestros seguros desvaríos.

17 mayo 2008

Un pollo singular




Sé que ando por ahí como un gallito sin, como suele suceder a menudo, ser conciente de ello. Lo sé, porqué he soportado, a lo largo de mi vida, repetidos comentarios en este sentido de gente a la que quiero.

Si, sé que ando por ahí como un pollo sin tener ningún motivo, así es que, si me aplico los criterios de igualdad que defiendo, ando en taimada contradicción con mis propios pensamientos. Aunque igual mí sobrada actitud chulesca, y así con descaro me absuelvo, se deba a que tengo fe en que me ampara la razón en sentimientos como la paridad humana y también, seguro, en otras muchas cuestiones. O sea, no tenemos remedio. No tengo remedio.

Nos asusta la soledad, la tememos, unos más que otros.

Unos más que otros buscamos con ahínco arrimarnos a nuestros semejantes. Todos con fruición deseamos este contacto que nos aplaca la soledad esencial que nos acucia.

No sería rubio ni moreno, si no hubiera rubios ni morenos, pues para construir la ilusión literaria de lo que somos, no nos toca otro remedio que basarnos en lo que comparando nos iguala y que luego, asumimos como propio.

Ya tengo bien claro que soy alto o bajo, blanco o negro, zurdo o diestro, guapo o feo, de sexo establecido canóniga o difusamente. Lo que sirve para identificarnos en cada apartado marca, sumado el conjunto, múltiples y variopintas diferencias. Así es que una cantidad ilimitada de parciales parecidos nos sirve sólidos seres distintos.

Demasiado claro lo tengo y me pesa ahora la conciencia de que soy un bicho único, sin parangón. Se me acrecienta el vacío y el consiguiente gusto paliativo por una ansiada compañía.

Andan por ahí sin descanso mis genes, dominantes o generosos, exigiendo identidades parecidas o en busca de afinidades consentidas.

Anda este hombre con su físico bien definido, con su genética a cuestas, huyendo de su temida soledad. Busca identidades parecidas o afinidades compartidas y esta deriva social debida a la óptima percepción de este buen remedio a la soledad, le crea, nos crea, necesidades afectivas.

Lo que fue igual por parecido y que luego se distinguió con la suma de semblanzas, resuelve de pronto buscar simpática compañía con la que aliviar el vacío de su específica singularidad. Esta asociación afectuosa resultó sin ningún tipo de duda sumamente efectiva. Sirve casualmente para superar mejor cualquier tipo de adversidad si no contamos la que genera la contradicción primera: seguimos siendo iguales y muy diferentes, y con este dilema nos encontramos constantemente, sin descanso, batallando solos.

13 mayo 2008

Lo que me dicta comentar


En una no forzada reciprocidad paso de puntillas por la excelente crónica de Marta sobre el vestido. El comentario que me dictó su post se me fue alargando de tal modo que me pareció mejor editarlo en mi blog. Disfruto cuando Marta cuenta historias de como es nuestra vida o sea de como son nuestras manías. Cada vez me seduce más la idea de somos adictos al espectáculo. Sus estupideces y tragedias son nuestra íntima esencia, y que si ahora existe algún ideal colectivo, bien podría andar por un exhibirse sin pudor para poder disfrutar o penar públicamente con nuestras locuras.

La gracia de lo contemporáneo, si obviamos la constante histórica de que los ricos son cada vez más ricos, es que una buena parte de la población puede experimentar frivolidades que en siglos anteriores no se podían permitir ni los poderosos. En este sentido se debe catalogar como progreso, aunque nos cueste a veces aceptarlo, bragas, higiene y otros adelantos con que nos obsequia el presente. Habrá que parar algún día atención en la evidente relación que hay entre progreso y frivolidad o mejor aún debemos dejar de considerar a las frivolidades con frivolidad si contamos la capital importancia que estas van adquiriendo para la mayoría

De la cantidad industrial de matices con los que siempre juega Marta me quedo con la constatación implícita de esta tendencia natural que nos persigue, siempre huyendo del hastío y que nos provoca la tentación de explorar todas las posibilidades de cualquier cosa si nos dan el tiempo suficiente. Este es el motivo que no nos sorprenda ni sonroje algunos tipos de delirios que se dan en asuntos como el de vestir. Curiosidades como el que unas bragas tengan bolsillos o exteriorizar la ropa interior y al revés o cualquiera otra extravagancia inimaginable nos acaba pareciendo de lo más natural. Más problemas nos ocasiona el concretar aquellos detalles que nos indican donde empieza y donde termina el buen gusto en cada cosa. Yo creo que no existen impedimentos para que triunfe la mezcla más explosiva si el que la propone ha ganado el prestigio suficiente para ser considerado modelo a seguir. El tiempo es el que distinguirá de entre todo lo que triunfa a diario, aquello que los usuarios fijan como norma, muchas veces por cuestiones ajenas a la moda, por casualidades de oportunidad, funcionalidad, comodidad o sentido común y que luego se convierten en los típicos y tópicos dictados del buen gusto que los estilistas novedosos trataran con escandaloso estruendo y algarabía contestataria reventar.

Debemos considerar, mal que nos pese, que toda la gracia de la vida una vez aceptada la relatividad de lo que nos ocupa en cada momento, está en el presente, está en lo que dicta moda y en el interés que mostramos por lo que creemos que debemos de hacer en comparación con lo que hacen los demás y en los juegos que en cada momento propone la sociedad que aunque parezcan muchas veces superfluos, suelen esconder cargas de profundidad considerables.


La vida esta llena de paradojas. Siempre nos vemos obligados a buscar equilibrios entre contradicciones y así en el vestir, como en todo, queremos ser únicos pero reconocernos en los demás. Así, aún cuando rechacemos uniformes y condición, algo nos impele a vestir con un estilo con el que nos sintamos identificados y que deberíamos encontrar en algún punto indeterminado y cuento que inexistente donde nos pudiéramos mostrar singulares sin excluirnos del montón.

Puestos a calibrar, visto como se complica cada tema, no debemos descartar escoger en este caso, vestir con el uniforme del montón para, disfrazados a conciencia, encontrarnos y ser especiales, aunque nunca acostumbro a dudar de que seamos únicos, vistamos como nos vistamos.

Bon dia, Marta.

28 abril 2008

Una sociedad feliz


Cuentan las crónicas que el asesino deja sin remedio, pistas que le comprometen.

Busca el narrador una verdad que trascienda y con la pretensión de establecer honestas certezas recrea un relato que se nutre de la realidad pero que establece, quizás sin querer, una nueva conciencia.

Se diluye la verdad que pretendía con rigor desvelar. Se oculta, enmascarada tras los encontrados recuerdos en los que me sumergí para descifrarla. En estas reflexiones introspectivas, nos vence alguna concesión que caricaturizará la simpleza del acto de vivir, hasta el punto de hacerlo irreconocible y al fin, el hilo del relato, poco a poco nos arrebatará la furia de vivir y nos condicionará a representar por momentos a personajes con recursos literarios. ¿Quién dice que la literatura no es importante?

Así al iniciar esta crónica como en todas, busco las razones que me impulsan a hacer esto y no lo contrario, sin atinar que las razones son prescindibles, pero descubriendo también lo poco que cuesta, a poco de insistir, el encontrar variadas razones para justificar las acciones más peregrinas.

Guardo más motivos para no viajar que para viajar y nunca me pregunto, cuando decido hacerlo el porqué lo hago si no es que, luego, o desde el mismo instante, pretenda relatar lo acaecido. La cuestión es que sin comerlo ni beberlo, unas cuantas veces cada año, me encuentro en trance de viajar, en este caso fue en doméstica aventura, o sea, por territorio conocido, y así, estos días pasados me dio por acudir al reclamo del día el libro en Barcelona.

La libertad que siempre me regaló Barcelona contrasta con el recuerdo de aquellos que como Fe, (que ahora anda ensimismada en quien sube y como bajan por las escaleras sospechosos y misterios) la ciudad oprime.

Soy bicho solitario y nada me parece mejor que una gran ciudad para andar a mis anchas y pasar desapercibido. Una ciudad como Barcelona da para recrearte en la suerte que desees y en mi caso dio para un inusual baño de multitudes. Iba yo con la voluntad expresa de sumergirme en el río humano en que se convierte buena parte de la ciudad en tan señalada fecha. Prescindí a bote pronto y durante la mayor parte del día, de aquellas cuestiones que me distrajeran del ritmo dictado por la corriente, un estado de fluidez que resultaría inalcanzable si hubiera atendido a vendedores o a lo que vendían. Con sorpresa no encontré, como temía, tan grotesca la condición de víctima propiciatoria, rol que asumimos con habitual resignación la gran mayoría en tales celebraciones. Liberado pues de las ataduras que podrían haber secuestrado mi atención pude disfrutar del esplendido día y de la laboriosa humanidad festiva. Vi, como toca, un continuo desfile de rosas y una cierta ansiedad en comprar libros. Ni siquiera me recreé sarcástico, en aquellas imágenes que confirmaran la previsible idiotez que nos caracteriza cuando establecemos con meteórica rapidez y sin evidencias de injerencias de la autoridad competente, competiciones en ver quien consigue la rosa más exquisita, o la más rara, o quien acapara más rosas, o aquellas rosas que me figuro, cuentan con ansiados premios de amor, o cuando se da el caso de que las rosas y su poseedor/a no se avienen para nada, cosa que ocurre con inusitada frecuencia. Pasé también de largo, al trote, de la feria de vanidades en que se convierten las paradas para conseguir, de firmas autorizadas, una dedicatoria personalizada.

Me rendí agotado y con sedientas urgencias en la mismísima plaza Real donde cayó una caña con unos chipirones fritos como premio por haberme pateado la ciudad siguiendo el río que inicié en la Calle Verdi y seguí por Passeig de Gràcia, Plaça Catalunya, Portal de l’Àngel, Carrer del Bisbe, Plaça de Sant Jaume, Carrer de Ferran i Rambla del Caputxins o sea el “rovell de l’ou” de esta fiesta laborable. Incrédulo al certificar una práctica inexistencia de hooligans del Manchester en la plaza Real y sus alrededores, subí otra vez por las Ramblas y volví a casa sin rosa y sin haber leído aún título de libro alguno.

Leo poco, pero compro algún libro y este día en que todo era previsible, la compra de libros la reservé para la última hora de la tarde, en la librería Taifa, de la Calle Verdi, un recinto literario que con asiduidad visito cuando vengo a Barcelona. Me decidí adquirir el jocoso, delirante y asombroso viaje de Pomponio Flato del inefable Eduardo Mendoza. Fue exactamente un poco antes o un poco después de la visita a esta librería cuando me invadió una serena paz que en contadas ocasiones nos permite nuestra civilización. La tarde iba decayendo espléndida y entraba sugerente la noche entre las tamizadas luces en la transitada calle. Liberados de la tensión que genera la enloquecida circulación, la gente paseaba sin ninguna prisa con sosegada placidez y ademanes familiares y me llegaban amortiguadas sus voces, como suave y musical arrullo. Estaba disfrutando de uno de estos extraños momentos burbuja que salvaguardan de vez en cuando a este mundo feliz y que me hizo recordar, salvando todas las distancias, aquel atardecer que entré distraído al centro de Taormina por la puerta de Catania y de cuando, embriagado por aquel ambiente de relajada comodidad me permití, abusando de todos los tópicos conocidos, cenar en una terraza mientras hipnotizado contemplaba las espectaculares erupciones del Etna, bebiendo vino y comiendo contento y distraído algún plato de pasta o una pizza.

22 abril 2008

En el refugio o en la intemperie


Parece que tenemos dos potes en el cerebro, uno analítico y serio, y otro emocional y desparramado, pero de hecho sé que conviven en el mismo tarro.
Este tipo de paridas que sin ser mentira tampoco son verdades me vencen, así es que me permito seguir con el mismo cuento. Cuidamos de cultivar una suerte de parcelas que nos sirven para uso cotidiano y mientras, también alimentamos, sin solución de continuidad, parajes singulares desde donde elaboramos mitología. Luego todo se nos divide en una marabunta de apartados que visitamos como relámpagos. En estas divisiones de no acabar hay de todo y es usual que algunas se contradigan. Son como casas distintas y sin ser muy conscientes de ello, actuamos de manera distinta según sea el caso, el momento, el lugar o las personas con las que establecemos relación. Así pues en una casa aseguramos con absoluta seriedad y convicción lo que desde otra no podríamos defender. Para que esta radicalidad no nos venza guardamos espacios donde nos paramos a meditar, lugares que vienen a ser como la calle de en medio o cuando disponemos de tiempo para reflexionar, de un tipo de espacios que conservamos sin urbanizar. Estos parajes singulares reservados a una ilusión de objetividad, solo los podemos habitar en determinados momentos pues son un no vivir y es que sin casa es como que no puede ser. El cerebro no se habitúa a la intemperie y construye sin remedio casa que le proteja. A pesar de vivir comúnmente a resguardo en este laberíntico interior compartimentado de casas, la calle esta muy transitada pues a menudo a cambiamos de casa. De un razonamiento a otro, en un suspiro nos acomodamos a otra distinta y quedamos tan panchos. Esta es la gran paradoja que soportamos, la de ser seres contradictorios, muy distintos si nos contemplamos desde una desapasionada observación analítica o cumpliendo con aquellos deberes cotidianos personales y colectivos ineludibles para sobrevivir o cuando nos encontramos afectados por pasiones que nos ciegan de cualquier objetividad que no sea la de satisfacer los deseos que nos dictan los excitados instintos.

A mí me gustan estos parajes objetivos desde donde intentamos reflexionar desapasionadamente sobre nosotros mismos o sobre la sociedad o sobre los mitos o sobre cualquier materia que nos afecte o interese. Son desabridos y secos y como menos al abrigo de construcciones defensivas estén, mejores son para elaborar los conceptos con que alimentar luego el futuro y el progreso de nosotros mismos. Es como ir de acampada, son lugares incómodos, duros y agotadores pero de una gran belleza, con aire puro para respirar, vivificantes y enérgicos y si por un casual se da el caso de que entras en comunión con el todo, la gratificante sensación de plenitud es extrema, allá se pueden encontrar estas inexplicables esperiencias que sirven para creer en algo sin dejar luego de creer en nada

Pero la intemperie es la intemperie y cuando el tiempo no acompaña, cuando se desatan las fuerzas incontrolables de la hostil naturaleza, nos encontramos sufriendo a pecho descubierto embates que nos pueden empujar hasta el mismo borde del abismo. Aunque si vences, si sobrevives, es el mismo agujero el que se retira, es el abismo el que se aparta servil unos cuantos metros.